Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Sábado 19 de Setiembre del 2020

Comentario A TO16 200719

fano


Dime qué te pica, te diré qué te preocupa. ¿Te preocupa no tener el poder que tenias antes? ¿Te preocupa que sean otros los que ahora se imponen? ¿Te preocupa no atraer en gran número como en otros momentos? Hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa que llene templos, conquiste calles y haga de su religión la de la sociedad entera.

Sin embargo, a Jesucristo le preocupaban otras cosas… en dos pequeñas parábolas deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto del Padre -el reino de Dios- sembrando pequeñas "semillas” de Evangelio e introduciéndolo en la sociedad como pequeño fermento, de una vida humana.

La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra. Jesús elige la más pequeña de todas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos diminutos, pero su fuerza transformadora no la podemos ni imaginar ahora tampoco.

La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso ni espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores parece insignificante: unos centros de poder lo ignoran, otros hacen por ignorarlo.

También los cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: quizás por esa visión “realista”… el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos errores y horrores de siempre. O quizás porque falta “visión” realista y no somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla por completo.

Jesús sugiere que así sucede con el proyecto de Dios. Una vez introducido en el mundo va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.

Los seguidores de Jesucristo hemos de cuidar que nos preocupe lo mismo que le preocupaba a él, que tengamos esa actuación y esa visión realista que intuye a Dios trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.

Buen momento para que cada uno y cada comunidad se responda si le pica y le preocupa lo mismo que a Jesús. Que así sea.

 

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