Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Lunes 30 de Noviembre del 2020

comentario A TO30 201025

fano


Para vivir correctamente ante Dios tenemos los diez mandamientos; también los cinco mandamientos de la santa madre Iglesia, y los sacramentos, las siete bienaventuranzas, las cuatro virtudes corporales, las

tres virtudes teologales... ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?

El evangelio de este domingo recoge la respuesta de Jesús a los que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Jesús resume lo esencial: lo primero es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser”; lo segundo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Clara afirmación de Jesús: Lo decisivo en la vida es amar. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor, todo queda desvirtuado.

Al hablar del amor a Dios, Jesús no piensa en sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco invita a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como fuente última de nuestra existencia, es una adhesión total a su voluntad, es responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.

Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira.

¿Es este lenguaje tópico, sabido, viejo, gastado, poco eficaz? No lo sé, pero, en el mundo, es problema la falta de amor, que va deshumanizando una y otra vez los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.

La semana pasada celebramos el Domund y la víspera el día internacional para la erradicación de la pobreza. Si esas fechas las tenemos olvidadas, si lo que significan no queda en nuestro interior como un aviso, si el amor no nos lleva a estar alerta y gozosos; alerta porque nuestros hermanos sufren,  gozosos porque Dios nos ama y porque nosotros con nuestras pequeñas fuerzas y nuestras opciones y acciones algo hacemos para acabar con ello… es que la frase de Jesús que hemos oído en el evangelio todavía tiene que fermentar en nuestro ser creyentes.

Los seguidores de Jesús somos y nos sabemos responsables. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor, pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.


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