Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Sábado 18 de Agosto del 2018

comentario B CU3 2018

dibujo fano


«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mi”. Estas palabras del libro del Éxodo encierran un mensaje muy válido para todas las personas de buena voluntad que no se dejan atrapar por los “dioses modernos”: el dinero, el consumo, la comodidad y la sensualidad. También y sobre todo, para todo aquel que intenta vivir una vida religiosa en una de las tres religiones monoteístas: Judaísmo, Islamismo o Cristianismo.

“Jesús vivió un tremendo conflicto con la religión de su tiempo, tal como la vivían la mayoría de las autoridades religiosas y el pueblo de Dios. Según el evangelio de Juan, el lugar del encuentro con Dios ya no es el templo (con sus sacerdotes, rituales y ceremonias), sino el ser humano. O sea, a Dios no se le encuentra en la sacralidad de las relaciones religiosas, sino en la laicidad de las relaciones humanas”.

“Los judíos piden explicaciones a Jesús, él responde: Destruid este templo y en tres días lo levantaré. Y se refería a su persona. Para Jesús, el templo es el ser humano. Y así pensaba la Iglesia primitiva: cada cristiano es el templo de Dios (1 Co 3, 17; 6, 19; 2 Co 6, 16). Y cada ser humano es una piedra viva del santuario que Dios quiere (Is 66, 1 s; Hech 7, 49-51; 17, 24)”. Los cristianos hemos restaurado lo que Jesús destruyó. Ahora merecen más respeto los templos que muchos seres humanos. Y en las catedrales vuelve a correr el dinero. Eso sí, con unas liturgias observadas al pie de la letra, por más pesadas e insoportables que resulten. Da la impresión de que en Roma preocupa más el ritual que el Evangelio. Sin duda alguna, en la Iglesia, la religión ha llegado a tener más importancia que el Evangelio” (J.M. Castillo).

Este comentario que Castillo hace al evangelio de hoy me llama mucho la atención porque refleja la situación actual, dentro de nuestra Iglesia Católica, aunque la hayamos purificado algo después del Vaticano II y más, ahora, con la figura del papa Francisco. Después de 2000 años de religión cristiana, uno se pregunta, ¿a qué hemos dado y seguimos dando más importancia, sobre todo desde alguna corriente eclesial actual, fomentada por algunos obispos, a la Iglesia edificio, lugar de ceremonias religiosas y culto, o a la persona, como “Templo de Dios”? Es una pregunta que debemos responder todos los que nos sentimos cristianos, dada su importancia, porque nos jugamos lo esencial en nuestra religión cristiana.

Dios se encarnó, tomó carne, se hizo persona. Desde entonces todo ser humano es Templo de Dios, Dios habita en él. Está claro que es así porque en el “juicio final”, al acabar nuestra vida nos preguntará el Señor: ¿Me has alimentado, me has vestido, me has asistido, me has visitado, es decir, has defendido mi dignidad humana? Pero ¿cuándo lo he tenido que hacer contigo? Cuando te encontrabas con alguno de estos mis hermanos débiles y pequeños. Paul. Richard decía hace unos años: “Dios está presente en los pueblos pobres y marginados de la Tierra, y se está ocultando lentamente en los pueblos ricos y poderosos. Los países del Tercer Mundo son pobres en poder, dinero y tecnología, pero son más ricos en humanidad y espiritualidad que las sociedades que los marginan”.

La actuación de Jesús recuerda las terribles condenas pronunciadas en el pasado por los profetas de Israel. Sólo citaré las palabras que Isaías pone en boca de Dios: «Estoy harto de holocaustos... No me traigáis más dones vacíos ni incienso execrable... Yo detesto vuestras solemnidades y fiestas; se me han vuelto una carga que no soporto. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar el mal, aprended a obrar el bien. Buscad la justicia, levantad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid» (Isaías 1, 11-18).

Son palabras acusadoras de la gran inhumanidad de los dirigentes políticos y las organizaciones económicas que alimentan las guerras actuales y provocan la emigración de tantas personas.

Puedes preguntarte, ¿dónde me encuentro preferentemente con Dios, en las Iglesias, o en las personas necesitadas de acogida y compañía?

A.A.

 

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