Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Lunes 22 de Abril del 2019

comentario C TC 5 2019

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Me llama la atención la forma de comportarse de Jesús, radicalmente exigente al anunciar su mensaje, pero increíblemente comprensivo al juzgar la actuación concreta de las personas. Tal vez, el caso más expresivo es su comportamiento ante el adulterio. Jesús habla de manera radical al exponer las exigencias del matrimonio indisoluble, y los discípulos opinan que, en tal caso, “no trae cuenta casarse”. Sin embargo, cuando muchos quieren apedrear a una mujer sorprendida en adulterio, es Jesús el único que no la condena.

Así es Jesús. Alguien que no se ha dejado condicionar por ninguna ley y ningún poder. Alguien grande y magnánimo que nunca odió, ni condenó ni devolvió mal por mal. Alguien a quien se mató porque los seres humanos no pueden soportar el escándalo de tanta bondad.

Sin embargo, quien se toma tiempo y reconoce cuánta oscuridad reina en el ser humano y lo fácil que es condenar a otros para asegurarse la propia tranquilidad, sabe muy bien que en esa actitud de comprensión y de perdón que adopta Jesús, incluso contra lo que prescribe la ley, hay más verdad que en todas nuestras condenas estrechas y resentidas.

El creyente descubre, además, en esa actitud de Jesús el rostro verdadero de Dios y escucha un mensaje de salvación que se puede resumir así: “Cuando no tengas a nadie que te comprenda, cuando los hombres y las mujeres te condenen, cuando te sientas perdido y no sepas a quien acudir, has de saber que Dios es tu amigo. El está de tu parte. Dios comprende tu debilidad y hasta tu pecado”.

Esa es la mejor noticia que podíamos escuchar las personas. Frente a la incomprensión, los enjuiciamientos y las condenas fáciles de las gentes, el ser humano siempre podrá esperar en la misericordia y el amor insondable de Dios. Allí donde se acaba la comprensión de unos y unas, sigue firme la comprensión infinita de Dios.

Esto significa que, en todas las situaciones de la vida, en toda confusión, en toda angustia, siempre hay salida. Todo puede convertirse en gracia. Nadie puede impedirnos vivir apoyados en el amor y la fidelidad de Dios.

Por fuera, las cosas no cambian en absoluto. Los problemas y conflictos siguen ahí con toda su crudeza. Las amenazas no desaparecen. Hay que seguir sobrellevando las cargas de la vida. Pero hay algo que lo cambia todo: la convicción de que nada ni nadie nos podrá separar de Dios amigo tuyo, amigo mío, amigo de todos y cada uno.

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