Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Lunes 22 de Abril del 2019

comentario C TO 4 2019

dabar


No está de moda hablar de disciplina, esfuerzo o renuncia. Pocos se atreven hoy a mostrar la importancia que tiene en la vida

la educación de una voluntad fuerte y recia. Vivimos envueltos en una “la filosofía del ahora me apetece”. Es la principal motivación que inspira la vida de no pocos: “no me apetece”, “esto me va”, “aquello no me gusta”.

En pocos años, ha ido creciendo el número de personas de voluntad débil, caprichosas y blandas, incapaces de proponerse metas y objetivos concretos. Hombres y mujeres inconstantes que giran como veletas según el viento del momento, llevados y traídos por lo que, en cada instante, les pide el cuerpo o lo que les sugiere la moda o lo que se anuncia desde los medios de comunicación. Se sienten libres y se les percibe contradictorios.

Buscan una vida cómoda y placentera, pero les espera un futuro estéril. En el amor no llegarán muy lejos, pues no saben lo que es renunciar, ignoran la importancia del sacrificio y la dedicación al bien del otro. Consentidos y caprichosos que estropean cualquier relación basada en el amor y la entrega generosa.

Tampoco lograrán nada grande y noble en los demás aspectos de su vida. Nunca desarrollarán sus verdaderas posibilidades. Se instalarán en la mediocridad y arrastrarán, a donde quiera que vayan, su personalidad mal diseñada, fruto del abandono y la dejadez.

La persona necesita recordar que la voluntad, es un rasgo esencial del ser humano. Tanto como la razón. Incluso afirmo que el ser humano con voluntad llega más lejos en su crecimiento personal que el inteligente. Lo grande es casi siempre fruto de la determinación y la tenacidad.

Educar la voluntad es un trabajo y requiere esfuerzo diario. Hay que utilizar herramientas concretas como la disciplina, el orden, la constancia y la ilusión. Hay que saber renunciar a la satisfacción de lo inmediato en función de metas futuras.

Pero merece la pena. Antes o después van llegando los frutos. La persona se va haciendo más libre y más dueña de sí misma. No se doblega fácilmente a las dificultades. Su vida va alcanzando una madurez que enriquece a quienes encuentra en su camino.

El modelo más limpio lo encuentra el cristiano en ese Jesús capaz de ser fiel a su misión a pesar de los rechazos y desprecios que encuentra en su camino. El evangelista Lucas nos dice que sus propios vecinos de Nazaret trataban de “despeñarlo”' pero él “se abrió paso entre ellos” para continuar su tarea salvadora.


Esta semana rezaremos con la hoja de participación. PINCHA AQUÍ.