Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Miércoles 22 de Mayo del 2019

comentario C TO 6 2019

fano


En este fin de semana que nos desayunamos con juicios mediáticos y con la fecha de las elecciones que a muchos alaveses les llevará a olvidarse del voto y a otros a solicitar el voto por correo…. En estos días que se nos llenan los informativos de las posiciones que sobre estos hechos se toman en la poderosa Europa, escuchamos de nuevo las palabras desconcertantes de Jesús: "Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando os odien los hombres y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre."

Estas bienaventuranzas no son una invitación al optimismo ingenuo o a la felicidad fácil, sino una llamada a vivir el sufrimiento, el mal o la persecución en la paciencia y el gozo de la esperanza.

Esa paciencia no es fruto de un ejercicio ascético que nos enseña a vivir las pruebas sin derrumbarnos. Es una paciencia que descansa en la paciencia misma de Dios que nos acompaña en el dolor o la impotencia de manera silenciosa y discreta, pero buscando siempre nuestro bien.

Dios no se impacienta ante los brotes del mal o de la injusticia, porque para él no hay prisa ni miedo al fracaso final. Dios sabe esperar. Y es esa mirada paciente de Dios, cargada de ternura infinita hacia todos los hombres, los que sufren y los que hacen sufrir, la que pone consuelo y estímulo en el creyente enfrentado a la realidad del mal.

Lo mismo que en la paciencia de Dios, también en la paciencia del creyente hay siempre amor. Un amor al ser humano que es más fuerte que cualquier presencia del mal o de las tinieblas. En realidad, ningún mal por cruel y poderoso que sea, puede impedirnos seguir abiertos al amor. Y el amor –no lo olvidemos- es la única promesa y garantía de felicidad final. Esta paciencia cristiana no es una actitud pasiva o resignada. Es fuerza para no dejarnos vencer por la desesperanza y estímulo para cumplir nuestra misión con entereza y fidelidad. Esa es la recomendación bíblica: “Necesitáis paciencia en el sufrimiento para cumplir la voluntad de Dios y conseguir así lo prometido" (Hb 10, 36).

Esa paciencia del creyente se alimenta de la confianza en Dios y del abandono en sus manos. Dios, deseado y amado por encima de todo, es el que renueva las fuerzas de la persona aplastada y pone en su corazón una paz que el mundo entero no puede dar.

La Carta de Santiago proclama “felices" a “los que sufrieron con paciencia” (St 5, 11) su felicidad no proviene del bienestar o del éxito, sino de la fe en el crucificado que desde la resurrección dice así a todo creyente probado por el mal: "He abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar, porque aunque tienes poco poder, has guardado mi Palabra” (Ap 3, 8)


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