Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Lunes 22 de Abril del 2019

comentario C Ramos 2019

domingo de ramos


Esta semana en que los creyentes meditamos y celebramos la muerte y resurrección de Jesús puede ser buena ocasión para escuchar de manera renovada la llamada evangélica a “tomar la cruz”.

Antes de nada, hemos de recordar que el dolor y la enfermedad, los conflictos y tribulaciones de la vida no los ha inventado Cristo ni la teología cristiana. Están ahí como parte integrante de nuestra existencia. Tarde o temprano, todos hemos de enfrentarnos al sufrimiento y la prueba.

Por otra parte, cuando Jesús nos llama a “tomar la cruz”, no nos está invitando a procurarnos una vida todavía más dolorosa y atormentada, añadiendo nuevo sufrimiento a nuestro vivir diario. “Tomar la cruz” es descubrir cuál es la manera más acertada y sana de vivir ese sufrimiento que ha de aceptar quien quiere ser humano hasta el final.

El sufrimiento no tiene ningún valor en sí mismo. Es una experiencia negativa que ninguna persona sana ha de buscar arbitrariamente y sin necesidad. Pero al mismo tiempo, es una experiencia ante la cual hemos de tomar postura. Y es aquí donde el cristiano acude al Crucificado para aprender a vivir de manera humana los diferentes sufrimientos.

Hay, en primer lugar, un sufrimiento que forma parte de nuestra condición humana, siempre frágil y caduca. Todos estamos expuestos al dolor y la enfermedad. Todos vivimos amenazados por la desgracia y la muerte. “Tomar la cruz" significa, entonces, vivir esa experiencia dolorosa siguiendo de cerca a Cristo, sostenidos por una confianza absoluta en un Dios que, incluso en los momentos más oscuros, está junto a nosotros y de nuestra parte.

En segundo lugar, hay un sufrimiento inevitable en todo aquel que busca renovarse y crecer de manera positiva. Estamos tan arraigados en un egoísmo enfermizo que todo aquel que desea liberarse y ser cada día más humano, debe aceptar el precio que exige esa superación constante. “Tomar la cruz” significa, entonces, asumir y trabajar gozosamente nuestra conversión aceptando las renuncias y sacrificios que nos llevarán a una vida más plenamente humana.

En tercer lugar, hay un sufrimiento que es resultado de una trayectoria fiel a Cristo y de un compromiso inquebrantable por el evangelio. “Tomar la cruz" significa, entonces, aceptar pacientemente el rechazo, el descrédito o la persecución que nos pueden llegar como consecuencia del seguimiento a Cristo, sabiendo que el destino de quien trata de humanizar la vida como Jesús es compartir también con él la crucifixión.

Pero la cruz no es el último destino de quien sigue a Cristo. Si los cristianos asumimos esa cruz inevitable en todo aquel que se esfuerza por ser él mismo más humano y por construir un mundo más habitable, es porque queremos arrancar para siempre del mundo y de nosotros el mal y el sufrimiento. A una vida crucificada como la de Jesús Dios le dio la sorpresa de la resurrección. Por eso los seguidores del nazareno podemos vivir en esa confianza y aceptar esa cruz. Como Jesús de Nazaret, ahora a nosotros en nuestra Unidad Pastoral Santa María de Olárizu, nos toca hacer fluir esas corrientes de vida que se encaminan a la vida que Dios dio a Jesucristo, que Dios nos da en Jesucristo.

 

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