Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Jueves 08 de Octubre del 2026

comentario a to28 261011

fano


“oooh… ¡cómo hemos cambiado!” Eso cantaba el grupo musical presuntos implicados hace décadas. Nosotros, también. Hace décadas, cuando invitaban a una boda, la primera reacción era de alegría, más que de pereza o de incomodidad... Dependiendo de la edad… ¡sí! Dependiendo del interés… ¡también! Dependiendo de la relación… ¡desde luego!

En tiempo de Jesús, a la gente sencilla, y era su experiencia, lo que importaba era… ¡la invitación! Y la respuesta, el gozo para aquellas gentes invitadas a una boda y sentadas con los vecinos a compartir juntos un banquete de fiesta.

Así Jesús cuenta su experiencia de Dios y se entiende y genera confianza. Según él, Dios prepara un banquete final para todos sus hijos, con asientos para todos; disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa con el Padre Dios.

Jesús se entiende así mismo como quien invita, y ni impone ni presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar esa invitación.

Nosotros, los cristianos, hemos recibido esa invitación. ¡Tenemos banquete! No sé si estamos contentos, si hemos leído esa nota al pie que dice “toda tu familia está invitada y los amigos y conocidos, también. ¡avísales!”

Quizás no nos apetece ir de boda. Preferimos montarnos la fiesta a nuestro estilo, con los nuestros y a nuestra medida. No cuando nos lo diga otro. Nuestros planes, primero. No los fastidia ni Dios.

Eso ahora. Jesús era realista. Tenía claro que la invitación de Dios puede ser rechazada. Hemos oído que unos rechazan la invitación «No quisieron ir». Otros indiferentes: «No hicieron caso».

Y, en la parábola, Dios no se desalienta. Habrá fiesta. Dios quiere que la sala del banquete se llene de invitados. Hay que invitarlos y buscarlos en los «cruces de los caminos», donde anda todo tipo de gente, también los sin esperanza y sin futuro. La Iglesia, nosotros, que hemos recibido la invitación y la nota al pie, hemos de anunciar con fe y alegría la invitación de Dios, esa que oímos y escuchamos en el Evangelio de Jesús.

Si hoy y cada mañana no salimos alegres por la invitación que hemos recibido… una de dos: o no diremos nada (Y ya sabemos lo que es la omisión) o lo que digamos sonará a rancio y, lo que es peor, dejará de tener olor a Evangelio.

 

Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olarizu para este domingo. PINCHA ABAJO.


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