Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Lunes 21 de Octubre del 2019

comentario C TC 1 2019

cuaresma 1 c


El hombre o la mujer actual ansían vivir cada vez más, cada vez mejor, cada vez más intensamente. Pero, ¿vivir qué?, ¿vivir para qué? Se dice que estamos mejor equipados que nunca para vivir una vida sana y de mejor calidad. Pero, ¿qué es una persona sana? ¿Qué es una vida de calidad humana?

Hemos hecho, hasta ahora, en el primer mundo, la vida más larga, más cómoda y placentera, pero, ¿no la hemos hecho también más vacía, superficial y absurda? ¿Es éste el camino para satisfacer la necesidad profunda de vida que se encierra en el ser humano?

Hay además un hecho cultural sobre el que parece existir una conspiración de silencio y es que cada vez se medita menos sobre el sentido último de la vida. Desconectada de toda relación con el Creador, privada de destino trascendente, la vida del ser humano contemporáneo se está convirtiendo en un episodio irrelevante que hay que llenar de bienestar y de experiencias placenteras.

Sin embargo, ¿es verdadero progreso entender y vivir la vida de manera tan rudimentaria y tan pobre de contenido, de horizonte y de sentido como lo hacen hoy no pocos hombres y mujeres?

Por otra parte, para muchos, “bueno” es lo que produce bienestar, y “malo” lo que causa malestar. Pero el concepto de bienestar es ambiguo y no coincide necesariamente con la verdadera realización del ser humano.

Hay quien puede tomar alcohol o droga para sentirse “bien”, pero, evidentemente, su actuación no es sana. Una persona puede sentirse bien en medio de una sociedad injusta, ocupándose exclusivamente de su bienestar y olvidando el sufrimiento de los más débiles y marginados, pero difícilmente podrá decirse que es sana esa insensibilidad.

Por eso, no es superfluo preguntarse qué bienestar buscamos, qué contenido le damos a nuestro deseo de calidad de vida y en qué hacemos consistir el progreso del ser humano.

En realidad, este mensaje y estos interrogantes son eco actualizado de esas palabras de Jesús que también hoy, todos y todas necesitamos escuchar: “No sólo de pan vive el hombre."

La verdadera calidad de vida no debe ser confundida con el “índice de renta nacional”, el desarrollo industrial o el crecimiento del consumo. No es bueno todo lo que aumenta el bienestar material, ni malo lo contrario. Es bueno aquello que le ayuda a cada uno a crecer en la vida en todas sus dimensiones.

Y otra pregunta que no se ha de soslayar. Calidad de vida, ¿para quién? ¿Calidad de vida para todos, o sólo para mí y los míos? ¿Calidad de vida para los parados, o bienestar exclusivo para los instalados? ¿Calidad de vida sólo para los europeos, para pocos más, para muchos más, para todos?

En nuestra unidad, tenemos como lema “hagamos fluir corrientes de vida –bizi errekak jarioazari”. No es un lema inocente. No es una frase bonita. Esta cuaresma volvemos nuestra vida a Dios de Jesucristo para que reconozcamos cómo impedimos que fluyan corrientes de vida.

 

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