Unidad Pastoral Santa María de Olárizu
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comentario a to25 260920

Para Jesús Dios tiene muchas caras y, como un diamante, muchas caras y un brillo especial: su experiencia de Dios, ese «un misterio de bondad insondable» que rompe nuestros cálculos.
La parábola de hoy no informa, sorprende. Es para dejarnos coger por ella y encontrarnos con Dios, encontrarnos con ese dueño de la viña y vivir gozosos la experiencia de ese Dios nuestro y de todos, sea el momento que sea en el que hayamos empezado a trabajar en su viña. Si no nos sorprende, si no nos dejamos coger por ella, si no es una experiencia gozosa, nos falta entender y relacionarnos con el Dios con el que Jesús se relaciona.
Jesús quiere contagiar a todos su experiencia de ese Dios; Jesús compara su actuación con la conducta sorprendente del señor de la viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo y sin llevar a los suyos la comida del día.
Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da «un denario»: más o menos lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para sobrevivir.
Cuando uno del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más que nadie, el señor de la viña le responde «¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?».
Pensemos en esa pregunta. Guardemos un rato de silencio. Dios no actúa con los criterios de justicia e igualdad que nosotros manejamos. Parece que Dios, más que medir los esfuerzos de las personas, busca responder, desde su bondad insondable, a nuestra necesidad radical de salvación.
Cuando en una conversación sale el tema del pecado como no cumplir con cuidado normas: los pecados y los méritos de los humanos, para recibir un día exactamente a cada uno según su merecido. Intuyo una imagen de Dios en esa conversación.
Creer en un Dios amor sin condiciones puede ser experiencia liberadora, fuerza vigorosa para vivir y para morir. Y vivir ante un Dios justiciero y amenazador puede convertirse en neurosis peligrosa y destructora de la persona.
Hemos de aprender a no confundir a Dios con imágenes estrechas y mezquinas ni tampoco con otras anchas y dispersas. No desvirtuar su bondad insondable mezclando los rasgos que provienen de Jesús con trazos de un “dios” justiciero o un “dios” confortable tomados de aquí y de allá. Ante el Dios sorprendente revelado en Jesús, lo único que cabe es la confianza.
Si quieres ver la hoja de participación de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu para este domingo. PINCHA ABAJO.