Unidad Pastoral Santa María de Olárizu
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comentario a to11 260614

Se dice que «lo normal y extendido en nuestros días es que un hombre adulto y razonablemente instruido no sea un creyente o un incrédulo, sino que se despreocupe de tales cuestiones». La religión, piensan, es algo desfasado. «Se podrá ser creyente por originalidad, desesperación, inercia o quién sabe qué tipo de conveniencia», pero la religión «en poco o nada afecta a la conducta del ciudadano a la altura de su tiempo». Así, de esta manera sencilla y superficial, se descalifica sin más pruebas ni argumentos la fe de los cristianos contemporáneos.
Al escuchar y pensar en lo que se dice, creo que hay diversas «motivaciones» ambiguas para creer, pero no es ambigua y sí muy válida la experiencia personal que cada creyente pueda tener de lo que la fe le aporta para vivir esta existencia de manera sana, digna y esperanzada, contribuyendo a construir un mundo más justo y solidario.
Podemos poner nombre a personas que en estos tiempos y a la altura del ser humano han encontrado en la fe cristiana la fuente última de sentido, responsabilidad y esperanza.
Creo que hay varias tentaciones que discernir. Una, la de vivir como cristianos acobardados por un clima social a veces contrario y hostil a lo religioso que viven su fe con una especie de «complejo de inferioridad». Esos que se sienten creyentes en lo más hondo de su corazón, pero no se atreven a confesarlo ante los demás, en su propio ámbito profesional o en los círculos sociales donde se mueven.
Y otra tentación es la de quienes señalan esos “éxitos” (el viaje del Papa…) para reivindicar una vuelta a lo católico. Creo que también está en el fondo de ese tipo de reivincación ese «complejo de inferioridad». Esos que se sienten creyentes y lo señalan sobre todo con signos externos y visibles. Que se vea que aquí estamos.
Si habéis comprado alguna vez una bolsa de frutos secos (¡Qué casualidad! hay más de lo más barato y más sal con la adicción que eso facilita). Hay riesgo de que, con lo religioso, pase lo mismo. Es más fácil ir a una romeria que ir semanalmente a misa. O aportar dinero a una campaña que acompañar semanalmente a un enfermo
No es época para la fe barata, la fe es esfuerzo gozoso. Estamos en tiempos de autenticidad, ni de creyentes que ocultan las convicciones que ponen luz y esperanza en sus vidas, ni de cristianos intolerantes y agresivos. Acojamos la llamada a ser el hombre o la mujer de fe que presenta su propia experiencia de creyente.
Nuestra sociedad necesita «mensajeros» a los que Jesús confía la tarea de anunciar su Buena Noticia. Testigos que digan con su vida y sus labios que la existencia puede ser vivida con otra dignidad y confianza, con otra hondura y esperanza.
Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu para este domingo. PINCHA ABAJO.