Unidad Pastoral Santa María de Olárizu
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comentario a to13 260628

Para nosotros, los católicos, la familia es fundamental. Con frecuencia hemos defendido la «familia» en abstracto, sin pararnos, sin reflexionar el contenido concreto de un proyecto familiar entendido y vivido desde el Evangelio. Y, sin embargo, no basta con defender el valor de la familia sin más, porque la familia puede plasmarse de maneras muy diversas en la realidad.
Hay familias abiertas al servicio de la sociedad y familias replegadas sobre sus propios intereses. Familias que educan en el egoísmo y familias que enseñan solidaridad. Familias liberadoras y familias opresoras.
Jesús defiende la institución familiar y la estabilidad del matrimonio. Y critica a los hijos que se desentienden de sus padres. Pero la familia no es para Jesús algo absoluto e intocable. No es un ídolo. Hay algo que está por encima y es anterior: el reino de Dios y su justicia.
Lo decisivo no es la familia de carne, sino la familia que hemos de construir entre todos sus hijos e hijas colaborando con Jesús en abrir caminos al reinado del Padre. Por eso, lo que hemos oído hoy en el evangelio, por eso, si la familia se convierte en obstáculo para seguir a Jesús en este proyecto, Jesús exigirá la ruptura y el abandono de esa relación familiar: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí. El que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí».
Cuando la familia impide la solidaridad y fraternidad con los demás y no deja a sus miembros trabajar por la justicia querida por Dios entre las personas, Jesús exige una libertad crítica, aunque ello traiga consigo conflictos y tensiones familiares.
No son los conflictos de la edad de comprar el móvil o la hora de volver a casa. Son otros de los que los medios de comunicación no hablan… conflicto entre el esposo y la esposa porque lo que dicen, lo que hacen no trasparenta búsqueda responsable de una sociedad más justa, no refleja comunidad. Con sus dichos y hechos se percibe que les apetece comprar cosas y con eso se alejan de la austeridad, que con sus hechos y palabras hay relaciones familiares en las que se olvida el perdón, se buscan escusas para no colaborar en algún servicio en el barrio, dejan la oración cuando comen fuera del hogar….
O como decimos al comienzo de la misa, pecamos de omisión y en el hogar se transmiten egoísmos, injusticias, convencionalismos, alienaciones y superficialidad.
O cuando se educa al hijo estimulándolo solo para la competencia y rivalidad, y no para el servicio y la solidaridad.
Yo creo que está claro qué familia que tenemos que defender los católicos. Una familia donde las nuevas generaciones pueden escuchar con palabras y obras el Evangelio. Porque, en otro caso, el evangelio de hoy señala que es una familia que hoy hemos de «abandonar», de alguna manera, para ser fieles al proyecto de vida querido por Jesús.
Si quieres ver la hoja de participación de la Unidad Pastoral Santa María de Olariuz para este domingo decimotercero del tiempo ordinario. PINCHA ABAJO.