Unidad Pastoral Santa María de Olárizu
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comentario a to22 260830

Alguien dice algo y, entre los que le escuchan, se les queda de tal manera que lo repiten como una jaculatoria, como un mantra. Jesús dijo y en cada evangelio aparece y alguno repite… ¡seis veces!: «El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará». Jesús no habla de oraciones o de ir a la sinagoga. Habla de lo que hacemos y cómo y porqué hacemos las cosas en la vida.
Dicho de modo crudo. Hay dos maneras muy alternativas de orientar la vida: una conduce a la salvación; la otra a la perdición y no hay tercera vía. No valen tampoco los “es que…”.
Un camino consiste en aferrarse a la vida viviendo para uno mismo: hacer del propio «yo» la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Este modo de vivir, buscando la propia ganancia o ventaja, conduce al ser humano a la perdición.
El otro camino consiste en vivir como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto del Padre para este mundo: buscar el bien de todos, de los demás y mío también, saber renunciar a la propia seguridad o ganancia. Este modo generoso de vivir conduce al ser humano a su salvación.
Jesús habla desde su fe en un Dios salvador, y sus palabras son una advertencia para todos. Política. Si recordamos la guerra de los aranceles…. Si recordamos lo que dice y hace el rubio ese de los Estados Unidos y en sus consecuencias sociales, culturales,… las palabras de Jesús no auguran un futuro de vida a esta humanidad dividida y fragmentada donde los poderes económicos buscan su propio beneficio; los países su propio bienestar; los individuos su propio interés.
La lógica que dirige en estos momentos la marcha del mundo es descarada, no disimula nada y, si somos humanos, irracional. Los pueblos y los individuos nos encadenamos a la esclavitud del «tener siempre más». Todo es poco para sentirnos satisfechos. Me acuerdo de esa canción de fiestas “todos queremos más, todos queremos más y más y más y mucho más”.
Buscamos lo más barato y cerramos los ojos a los motivos de ese precio. Queremos «disfrutar de nuestro bienestar» y no tenemos en cuenta si ese bienestar nuestro a otros cuesta salud e incluso la vida digna y les deja en la miseria, el hambre, la desnutrición.
Si los países privilegiados, los que llamamos primer mundo, solo buscamos «salvar» nuestro nivel de bienestar, si no buscamos y favorecemos que se den pasos hacia una solidaridad a nivel mundial, no nos engañemos. El mundo caminará en la línea de ser más inseguro y más inhabitable para todos, también para nosotros. Para salvar la vida humana en el mundo hemos de aprender a pensar en todos, cueste lo que cueste. No hay otro camino según Jesucristo.
Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Ol´rizu para este domingo del tiempo ordinario. PINCHA ABAJO.