Unidad Pastoral Santa María de Olárizu
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comentario a to23 260906

En el evangelio de este domingo una promesa importante para la vida de las comunidades cristianas. «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Jesús no está pensando en celebraciones masivas, como el rosario de la aurora, la procesión de los faroles, los viajes del papa León a Barcelona, a Madrid, a Canarias…. No. Dos o tres, dice Jesús, allí está él. Ni habla de jerarquía.
Importante es que «estén reunidos», ni dispersos ni enfrentados, ni descalificándose unos a otros. La clave es que se reúnan «en su nombre»; que escuchen su llamada, que vivan identificados con su proyecto del reino de Dios. Que Jesús sea el centro de su pequeño grupo.
Esta presencia viva y real de Jesús es la que ha de animar, guiar y sostener a las pequeñas comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar su oración, sus celebraciones, proyectos y actividades. Esta presencia es el «secreto» de toda comunidad cristiana viva.
Y mirando a nosotros, a nuestras celebraciones dominicales… Los cristianos no podemos reunirnos de cualquier manera: por costumbre, por inercia o para cumplir unas obligaciones religiosas. Somos pocos, seremos menos. Lo importante es que nos reunamos en su nombre, atraídos por su persona y por su proyecto de hacer este mundo más humano.
Dicho de otro modo. Nos juntamos conscientes de que somos comunidades de Jesús. Nos reunimos para escuchar su Evangelio, para mantener vivo su recuerdo, para contagiarnos de su Espíritu, para acoger en nosotros su alegría y su paz, para anunciar su Buena Noticia.
Si cuando salimos no recordamos el evangelio, si en nuestras coversaciones no nos sale decir “pues Jesús dijo que….”, si cuando actuamos no se nota que nos mueve el Espíritu que movió a Jesucristo, si no vivimos con la alegría y la paz del evangelio, si no anunciamos la Buena noticia que él nos trajo…. El futuro de la iglesia, y no me refiero al número de creyentes, está muy, muy, muy oscuro.
El futuro de la fe cristiana entre nosotros depende en parte de lo que hacemos los cristianos en nuestras comunidades concretas. No basta lo que pueda hacer el papa León en el Vaticano o en sus viajes. Tampoco pongamos esperanza en el puñado de sacerdotes que puedan ordenarse los próximos años. Nuestra esperanza, nuestra única esperanza es Jesucristo.
Hemos de centrar nuestras comunidades en la persona de Jesús, única fuerza capaz de regenerar una fe gastada y rutinaria. El único capaz de atraer a los hombres y mujeres. El único capaz de engendrar una fe nueva en estos tiempos de incredulidad. Otras cosas serán urgentes como la renovación de las estructuras de la Iglesia. Pero lo decisivo es volver con radicalidad a Jesucristo.
Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu para este domingo. PINCHA ABAJO.