Unidad Pastoral Santa María de Olárizu
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comentario c TC3 250323
Jesús profeta, enviado por el Espíritu de Dios, constante en su estilo, con palabras intensas, con acciones diferentes lleva tiempo anunciando la Buena Noticia.
Sigue repitiendo incansable su mensaje: Dios está ya cerca, abriéndose camino para hacer un mundo más humano para todos.
Jesús conoce la actitud y respuesta de la gente, de pobres, de fariseos, de saduceos, de sacerdotes… sabe bien que Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos. Por eso se esfuerza en despertar en la gente la conversión: «Convertíos y creed en esta Buena Noticia». Ese empeño de Dios en hacer un mundo más humano será posible si respondemos acogiendo su proyecto.
Pasa el tiempo y la gente no reacciona a la llamada que Jesús hace. Muchos vienen a escucharlo, pero no acaban de abrirse al «reino de Dios». Jesús insiste. Es urgente cambiar antes de que sea tarde.
Cuenta una pequeña parábola. El propietario de un terreno tiene plantada una higuera en medio de su viña. Año tras año viene a buscar fruto en ella y no lo encuentra. Su decisión parece la más sensata: la higuera no da fruto y está ocupando terreno inútilmente; lo más razonable es cortarla.
El encargado reconoce lo razonable de la decisión y, aun así, reacciona. ¿Por qué no dejarla todavía? Él conoce aquella higuera, la ha visto crecer, la ha cuidado, no quiere verla morir. Él mismo le dedicará más tiempo y más cuidados, a ver si da fruto.
El relato se interrumpe. La parábola queda abierta. El dueño de la viña y su encargado desaparecen de escena. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos hace pensar en Jesús, «el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».
Bastantes veces, la homilía nos invita a hacer gimnasia. Hoy de dos tipos: mental para reconocer que nosotros podemos esa higuera. Y salto de longitud, un salto de 21 siglos entre el momento que Jesucristo contó esa parábola y nosotros.
Necesitamos en la Iglesia introducir reformas, cuidar la adaptación a nuestros tiempos... sí. Necesitamos una conversión profunda, un «corazón nuevo», una respuesta responsable y decidida a la llamada de Jesús a entrar en la dinámica del reino de Dios… mucho más.
La parábola es un despertador. ¡Hay que espabilar! Hemos de reaccionar antes de que sea tarde. Jesús está vivo en medio de nosotros. Como el encargado de la viña, Jesucristo cuida de nuestras comunidades cristianas, frágiles y vulnerables. Él nos alimenta con su Evangelio, nos sostiene con su Espíritu.
Somos, como dice el lema de este año jubilar peregrinos de la esperanza. Cuando lo hacemos verdad, cuando vivimos esta cuaresma nos vivimos peregrinos, y en nuestro caminar diario vamos creando ese clima nuevo de conversión. Dicho de otra manera, en nuestros pequeños pasos se percibe la renovación que necesitamos en este ambiente de cansancio y alegría, de esfuerzo y caminar unidos: en este peregrinaje que libera de pesos innecesarios, que orienta hacia la relación con el maestro y la construcción del reino de Dios.
Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu para este domingo de cuaresma. PINCHA ABAJO.