Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Sábado 21 de Marzo del 2026

comentario a tc5 260322

fano


En Betania Jesús disfruta del mutuo cariño y de la acogida en su casa de tres hermanos cuando sube a Jerusalén. Un día, Jesús recibe un recado: «Nuestro hermano Lázaro, tu amigo, está enfermo». Jesús se encamina hacia la aldea. Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya.

Al verlo llegar, María, la hermana más joven, sin consuelo, se echa a llorar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él «se echa a llorar» junto a ellos. La gente comenta: «¡Cómo lo quería!».

Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia ante la muerte. Llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. Y vemos esquelas, accidentes, bombardeos, guerras, lágrimas, fosas para 160 niñas... o los más de 1.000 muertos por las bombas israelíes en Líbano la semana pasada. de ellos más de 150 eran niños que reclaman una vida más dichosa, más larga, más segura, más vida. Ahí está la muerte, para otros y ¡claro! también para los míos, también para mí. Porque hay sorpresas y cada persona, si se tropieza con la muerte, lleva en su corazón la inquietud ¿qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Está ahí, y lo del avestruz no nos vale el inútil esfuerzo de engañarnos creyendo que lo que no veo no existe. Y cuando lo vemos, lo miramos podemos quizás rebelarnos, podemos quizás deprimirnos… aunque la reacción más generalizada es olvidarnos y «seguir tirando». Pero, yo creo que eso es devaluar a la persona, negarse a vivir con lucidez y responsabilidad. Y que la preocupación sea una, que se evite el sufrimiento en ese momento, que la persona lo viva inconsciente y por lo tanto irresponsable y sin capacidad de tomar postura alguna.

Ante el misterio último de la muerte no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida.

No tengo prisa por morirme, y sé que tarde no es para morir. Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y al que, sin verlo aún, damos nuestra confianza. Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Solo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?».

Cuando se vive así, morirse es otra cosa, como alguien dijo, morirse es «descansar en el misterio de la misericordia de Dios». Así quiero morir yo.

 

Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la unidad pastoral santa María de Olárizu para este quinto domingo de cuaresma. PINCHA ABAJO.


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