Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Viernes 06 de Marzo del 2026

comentario a tc3 260308

fano


Imaginad que uno de nosotros, dando un paseo, se acerca a los pabellones donde estuvieron las empresas URSSA y EGA. Imaginad que vemos salir a alguno de los que allí duermen y sobreviven. Imaginad que le saludamos, y le preguntamos cómo se siente de acogido en esta ciudad, y con un poco de calma e interés, le preguntamos cómo lleva el ramadán… qué pasaría por la cabeza del que pregunta y qué pasaría por la cabeza del preguntado.

Si os habéis puesto en situación, podemos entrar en la escena del evangelio que acabamos de oír. Esa distancia de culturas diferentes, de sexos diferentes, de religiones diferentes. Y con la actitud que ha existido y existe de que siempre lo “nuestro” es lo mejor. Sea lo “nuestro” la cultura, el color de la piel, el sexo, (hoy que es el día de la mujer en esta sociedad en la que el varón todavía tiene un “plus” sobre la mujer),…

 

Jesús, cansado del camino, se sienta junto al manantial de Jacob. Llega una mujer a sacar agua. Pertenece a un pueblo medio pagano, despreciado por los judíos. Jesús inicia el diálogo con ella «Mujer, dame de beber». Echo imaginación y la verdad es que imagino un tono en esa petición que no motiva rechazo, que evoca acogida, que provoca continuar un diálogo.

Y en ese diálogo, como un berbiquí, se ahonda más, más de la división hombre/mujer; más de la separación samaritano/judío; más. Hasta llegar a la profundidad de la persona y esas palabras que os invito a que resuenen en nuestra vida de adultos, de creyentes porque hoy son para nosotros: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, sin duda tú misma me pedirías a mí, y yo te daría agua viva».

El domingo pasado oímos de ese Dios misterio en la “nube luminosa”, esa que muestra y esconde a la vez, la invitación a escuchar al “hijo amado”. Pues hoy ese hijo amado dialoga, y nos ofrece algo que supera lo que pueden conseguir los euros, o los dólares.

No pienso en ese Dios que me ama a mí y que lo puede todo como se lo puede imaginar un niño y al que a mí me toca pedir y a él dar.

La relación con Dios de un adulto aclara que, quien me ama y quien llama, es ese  Misterio de bondad, es esa presencia amistosa y acogedora en quien puedo confiar siempre. Y yo escucho y respondo como amado y dichoso a la vocación, a esa llamada que es ser feliz haciendo felices a los demás al estilo del evangelio.

Y yo sigo siendo creyente. Personalmente no le doy vueltas a verificar mi fe con pruebas científicas y estoy convencido que no es acertado tratar el misterio de Dios como si fuera un objeto de laboratorio.

Cierto que ser presbítero ayuda en esta sociedad sorda a lo religioso que me sacude a mí como a todos. Solo diría que Jesús me ha traído a vivir la fe en Dios de manera sencilla desde el fondo de mi ser. Os repito lo que en algún sitio he leído: “Si yo escucho, Dios no se calla. Si yo me abro, él no se encierra. Si yo me confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta”.

Insisto. La experiencia más importante es encontrarnos a gusto con Dios que percibimos como «compañía salvadora» (de mi persona y de los demás también). Vivir a gusto con Dios que a pesar de mi mediocridad, mis errores y egoísmos, él me acoge, nos acoge como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz. Con una experiencia así la persona vive activa y dichosa la fe.

 

Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la unidad pastoral santa María de Olárizu para este domingo de cuaresma. PINCHA ABAJO


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