Unidad Pastoral Santa María de Olárizu
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Hay avances para el inicio y el final de la vida. La epidural en el inicio de la vida y, en el último momento de la vida, la sedación.
Entre uno y otro momento cuando la situación es difícil; cuando la realidad parece que nos desborda; cuando las fuerzas, el ánimo, las ganas, las notamos insuficientes ante el complejo momento , cuando por la vida, los retos se nos caen encima… sacamos las fuerzas del empeño, o bajamos los brazos derrotados…
Las primeras comunidades cristianas tenían otra posibilidad, ni empeño ni derrota; cuando en aquellos años muy difíciles (conflictos internos y persecuciones con muertes), aquellos cristianos buscaban fuerza y aliento esperando la pronta venida de Jesús y recordando sus palabras: «Vigilad. Vivid despiertos. Tened los ojos abiertos. Estad alerta».
Esas palabras, entre nosotros, parece que no son necesarias. Metidos en una dinámica que nos lleva, seducidos, no hacemos esfuerzos en contra. Inundados por la cantidad de noticias no estamos alerta. Ojos abiertos, sí, pero no precisamente para ver las cosas como Dios propone. Y así vamos tirando… pero no nos empuja la esperanza que nace de Dios y mueve a Jesucristo.
Es una esperanza que cuenta con la sorpresa que regaló Dios a su hijo tras la muerte en cruz. El regalo de la resurrección. La vida por la eternidad en el gozo de Dios es el anverso de la esperanza. El reverso tiene que ver con nuestro aquí y ahora. Porque desde el bautismo estamos resucitados, hemos de hacer crecer aquí la vida, vida digna, vida digna de todos.
Una manera de falsear la esperanza cristiana es esperar de Dios nuestra propia salvación eterna mientras damos la espalda al sufrimiento que hay ahora mismo en el mundo.
Porque confiamos en el Dios de la vida hemos de despertar y abrir bien los ojos. Vivir vigilantes para mirar más allá de nuestros pequeños intereses y preocupaciones. La esperanza del cristiano no es una actitud ciega, pues no olvida a los que sufren.
En las comunidades cristianas hemos de cuidar que nuestro modo de vivir la esperanza no nos lleve a la indiferencia y el olvido de los marginados. No podemos aislarnos en la religión para no oír el clamor de los que mueren y sufren diariamente por tanta injusticia y abuso de poder.
Es trampa ceder a la “ilusión de inocencia” para defender nuestra tranquilidad. La poca sensibilidad al sufrimiento inmenso que hay en el mundo sea uno de los síntomas más graves del envejecimiento del cristianismo actual. Tenemos años, que nuestra esperanza no quede atada por la artrosis de nuestra solidaridad, que nuestra mirada supere las cataratas que el mundo facilita y desarrolla.
Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu para este primer domingo de adviento. PINCHA ABAJO.