Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Domingo 09 de Agosto del 2026

comentario a to19 260809

fano


Sin echar mucha imaginación, es fácil ver la barca de los discípulos de Jesús, sacudida por las olas y desbordada por el fuerte viento en contra, como la Iglesia actual, amenazada desde fuera por toda clase de fuerzas adversas, y tentada desde dentro por el miedo y la mediocridad. Y eso la iglesia universal, la diócesis, nuestra Unidad Pastoral. ¿Cómo leer nosotros este evangelio en una sarta de conflictos y crisis en la que la Iglesia parece zozobrar?

Según el evangelista, «de madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua». Los discípulos no lo reconocen en medio de la tormenta y la oscuridad de la noche. Les parece un «fantasma». El miedo los domina y los aterroriza. Lo único real para ellos es aquella fuerte tempestad que los paraliza e inmoviliza.

Es un problema actual. En esta crisis de la Iglesia nos contagiamos unos a otros desaliento, miedo y falta de fe. No vemos a Jesús que se nos acerca, ¿por qué no? desde el interior de esta crisis. Nos sentimos más solos e indefensos que nunca.

Jesús dice tres palabras y una invitación: «¡Ánimo! Soy yo. No tengáis miedo». Jesús les habla... y sus oídos solo oyen el estruendo de las olas y la fuerza del viento. Este es, quizá, nuestro error. Si no oímos, si no escuchamos la invitación de Jesús a poner en él nuestra confianza, acudiremos en busca de otras seguridades. Y se nota de quién nos estamos fiando.

Pedro se arranca ¡menos mal que hay gente decidida en la iglesia, entre los seguidores de Jesús!, salta de la barca y «echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús».

Da miedo, sin duda; a mí me da miedo. Pero hay diferencia entre que sea el miedo el que me tenga y me controle o que sea yo quien tenga miedo (y pueda controlarlo). Hemos de aprender a caminar hacia Jesús en medio de las crisis: apoyándonos no en el poder, el prestigio y las seguridades del pasado, sino en el deseo de encontrarnos con Jesús en medio de la oscuridad, las incertidumbres de estos tiempos, los cantos de sirena, las prisas por los resultados, las certezas del pasado.

La confianza, la confianza en Jesucristo no es un flotador que nos da la seguridad en la piscina. Hace falta cuidarla, cultivarla, desarrollarla. Podemos vacilar y hundirnos, como Pedro. Y, lo mismo que él, podemos experimentar que Jesús extiende su mano y nos salva mientras nos dice: «¡Qué poca fe, ¿por qué has dudado?».

Es la elección, si cuando no hay certezas, aprendemos a obedecer, a repetir lo conocido, a desconfiar de todo y de todos… será que estamos hundiéndonos en la crisis y no agarrando la mano de aquel que regala la vida y la esperanza. Los creyentes hemos de cultivar la confianza en Dios. Es momento no de quedarnos quietos con la duda. Es momento de parar, reflexionar juntos, con esa palabra que se desgasto casi sin usar, es momento de sinodalidad. Juntos pensar, juntos discernir y juntos caminar como hermanos.

Así esta crisis no es el final de la fe cristiana. Es purificación necesaria para liberarnos de intereses mundanos, triunfalismos engañosos y deformaciones que nos alejan de Jesús en estos momentos. Él está actuando en esta crisis. Él nos está conduciendo hacia una Iglesia más evangélica. Reavivemos nuestra confianza en Jesús. Que no nos tenga el miedo, que tengamos miedo y una mayor confianza en Jesucristo.

 

Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu para este domingo. PINCHA ABAJO.


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