Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Miércoles 12 de Agosto del 2026

comentario a to20 260816

fano


Una mujer acude a Jesús, no pertenece al pueblo judío, es una pagana.

Esta madre angustiada que sufre por una hija que «tiene un demonio muy malo» toma la iniciativa. Va al encuentro de Jesús dando gritos: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David».

¡Y Jesús ni se para a oírla! Parece que en el funciona la consigna de que no ha llegado la hora de llevar la Buena Noticia de Dios a los paganos. Como la mujer insiste, Jesús justifica su omisión: «solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

La mujer no se echa atrás. Las dificultades y resistencias que se encuentra son para superarlas. Jesús no se para, ella se postra ante Jesús, él detiene su marcha y ella, de rodillas, le dirige un solo grito: «Señor, ayúdame». Podemos imaginar ese corazón firme, necesitado y humilde en la suplica.

La respuesta de Jesús a nuestros oídos es ofensiva, Jesús, cuando dice: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos», baja puntos como buena persona.

Ya he dicho que “Las dificultades y resistencias son para superarlas”. La madre, que lo escucha desde la necesidad y la confianza se atreve con imaginación y creatividad, desde el suelo a abrir un hueco en las palabras de Jesús: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Fe admirable. Seguro que en la mesa del Padre se pueden alimentar todos: los hijos de Israel y también los «perros» paganos. El Enviado de Dios no puede ser solo de los judíos. Ha de ser de todos y para todos.

Jesús se rinde ante la fe de la mujer. Su respuesta revela humildad y grandeza: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!, que se cumpla lo que deseas». Esta mujer está descubriendo a Jesús que la misericordia de Dios no excluye a nadie. El Padre bueno está por encima de las barreras étnicas y religiosas que trazamos los humanos.

Jesús reconoce a la mujer como creyente, que vive en una religión pagana. Encuentra en ella una «fe grande»; otras veces a sus próximos los señalará como «hombres de poca fe». Cualquier ser humano puede acudir a Jesús con confianza. Él sabe reconocer su fe, viva en la Iglesia o fuera de ella. Todos podrán encontrar en él un amigo y un maestro de vida.

Para los cristianos es una alegría que Jesús siga siendo atractivo para personas que viven fuera de la Iglesia. Jesús es más grande que todas nuestras instituciones. Él sigue haciendo mucho bien, incluso a aquellos que se han alejado de nuestras comunidades cristianas.

Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olarizu para este domingo. PINCHA ABAJO.


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