Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Sábado 04 de Abril del 2026

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fano


Protagonistas, unas mujeres. Los evangelios han recogido el recuerdo de unas mujeres que, al amanecer del sábado, se han acercado al sepulcro donde ha sido enterrado Jesús. No lo pueden olvidar. Tiene en su corazón un espacio insustituible. Mientras tanto, los varones han huido y permanecen tal vez escondidos.

Han escuchado un mensaje excepcional, nuclear, desconcertante, único: «Sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado. Venid a ver el sitio donde yacía». Es un error buscar a Jesús en el mundo de la muerte. Está vivo para siempre. Nunca lo podremos encontrar donde la vida está muerta.

No lo hemos de olvidar. Si queremos encontrar a Cristo resucitado, lleno de vida y fuerza creadora, no hemos de buscarlo, por ejemplo, en una religión muerta, reducida al cumplimiento externo de preceptos y ritos rutinarios, en una fe apagada que se sostiene en tópicos y fórmulas gastadas, vacías de amor vivo a Jesús.

En positivo, lo podemos encontrar en la experiencia que aquellas mujeres que cumplen su tarea: «Id a decir a los discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis"».

Un hecho excepcional, un lugar, una promesa. El crucificado es ahora el resucitado. El lugar: Galilea. Una promesa: verle.

Eso hace 2020 años más o menos. Y a nosotros, a los que hemos venido a esta eucaristía el día de Pascua, ¿Qué se nos está diciendo? En Galilea se escuchó, por vez primera y en toda su novedad, la Buena Noticia de Dios y el proyecto humanizador del Padre. Se nos invita a escucharlos hoy con la novedad, la libertad, la confianza, la intensidad que escucharon y vieron actuar a Jesús sus acompañantes, en otro caso, nos alimentaremos de doctrinas venerables, pero no conoceremos la alegría del Evangelio de Jesús, capaz de «resucitar» nuestra fe.

También a orillas del lago de Galilea se fue gestando la primera comunidad de Jesús. Sus seguidores viven junto a él una experiencia única. Su presencia lo llena todo. Él es el centro. Con él aprenden a vivir acogiendo, perdonando, curando la vida y despertando la confianza en el amor insondable de Dios. Si no ponemos cuanto antes a Jesús en el centro de nuestras comunidades, nunca experimentaremos su presencia en medio de nosotros.

En nuestra Galilea, confiando en las palabras de aquellas mujeres y esperando el encuentro con el resucitado será posible percibir la «presencia» invisible y silenciosa de Jesús resucitado en los rasgos humanos que se perciben en los relatos evangélicos que oímos, que escuchamos, que leemos. Y en nuestra Galilea, miramos en nuestro derredor y encontraremos a esos otros seguidores de Jesús que quieren compartir su vida, su tarea por el reino de Dios, su oración a un Padre que quiere un mundo de hermanos y que invita a vivir alimentados de la palabra y del cuerpo de su Hijo resucitado.

 

Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la unidad pastoral Santa María de Olárizu para este domingo de Pascua. PINCHA ABAJO.


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