Unidad Pastoral Santa María de Olárizu
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Es la última cena, la salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro le negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida,… los discípulos intuyen que Jesús no estará con ellos y eso los deja abatidos.
Jesús capta su tristeza, su turbación y se conmueve. Se olvida de sí mismo, de lo que le espera y trata de animarlos: «que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí». En el curso de la conversación, Jesús afirma: «Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí». Igual hay que repetirlo. Nos lo dice a nosotros también. No lo hemos de olvidar.
«Yo soy el camino». No es una autopista, ni una carretera. Ni una calzada romana. Hace falta tener un objetivo para andar por un camino. Viniendo de Elorriaga vemos indicaciones en las aceras que nos recuerdan el camino de Santiago. Hace falta ganas y un propósito para meterse en ese camino entre Roncesvalles y Compostela. Y para apostar por continuar las huellas de Jesús, también y mucho más hondo, anclado en la fe.
Hay que mirar las ganas, hemos de mirar nuestro deseo de Dios, hemos de reconocer las huellas que deja Dios. El que camina tras los pasos de Jesús ser encontrará con problemas y dificultades, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.
«Yo soy la verdad». Entendamos lo que dice. ¿Ciencia? Sí, toda. Y ciencia con conciencia. Con la ciencia se hacen armas. Con la conciencia serán las mínimas y se evitará utilizarlas. Vemos lo que pasa en Iran con la eficacia americana e israelí. Ejemplos hay muchos. Hemos de escuchar a Jesús que se dirige a la conciencia. No todo se reduce a la razón. El desarrollo de la ciencia no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por análisis sofisticados. Desde nuestra fe en Jesucristo proponemos que el ser humano ha de vivir ante el misterio último de su existencia. Que ha de confiar en la bondad de Dios y en los esfuerzos por hacer que en el mundo, en el barrio, en la familia brille el reflejo de esa bondad divina.
«Yo soy la vida». Hay vidas y vidas. Desde la Pascua que hemos celebrado hace algo más de un mes, reconocemos a Jesús en lo que ha vivido y narrado en los evangelios y en lo que ahora, como Jesucristo vivo, desde lo más profundo de nuestro ser, infunde en nosotros un germen de vida nueva. Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. Los creyentes, a lo más, intuimos una presencia imperceptible.
A veces, es Pascua, y nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.
Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la unidad pastoral para este domingo pascual. PINCHA ABAJO.