Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Domingo 03 de Marzo del 2024

comentario B TA2 231210

san cristobal


Este año litúrgico, los católicos oiremos cada domingo el evangelio de Marcos. Su escrito arranca con este título: “Comienzo del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Estas palabras introducen algo de lo que encontraremos en su relato.

Con Jesús “comienza algo nuevo”. Es lo primero que deja claro Marcos. Todo lo anterior es pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. Con él llega la buena noticia de Dios.

Esto experimentan los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio sabe que con él empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.

En Jesús encuentran un “evangelio”, una “Buena Noticia”. Algo nuevo y bueno. La palabra “evangelio”, que emplea Marcos expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con “la salvación de Dios”.

Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Esta Buena Noticia es Jesús mismo y la intención primera de Marcos no es ofrecernos su doctrina ni darnos su biografía sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que solo podremos encontrar en él.

Marcos en una frase, da a Jesús dos títulos: uno judío; el otro, más universal. Y para los que vamos a ir desentrañando su evangelio, nos ofrece sorpresas.

Jesús es el Cristo, el “Mesías” al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. Jesús va a ser descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación definitiva. Es la primera sorpresa.

Jesús “Hijo de Dios”, pero no dotado del poder y la gloria que algunos habían imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que solo Dios puede ser así. Solo cuando termine su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confesará: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Es la segunda sorpresa.

No se cómo se dice en ingles fastidiar la película contando el final. Pretendo otra cosa. Que cada vez que escuchemos o digamos o recemos a Jesucristo o a Cristo… estemos alerta para no equivocarnos en qué características ponemos al pequeño que nace en Belén.

Pretendo que cada vez que nos santigüemos, que hablemos o recemos al hijo de Dios, tengamos claro que ese “hijo de Dios” es alguien tan humano, tan profundamente humano como solo Dios puede ser.

Cuando dialoguemos sobre la mirada litúrgica, en esos encuentros a los que hemos sido todos invitados y en los que compartimos nuestra experiencia en la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu, será momento de dar nombre a nuestra vivencia creyente, será momento para nombrar qué ayuda y qué no a crecer como creyentes que hablan con Dios Trinidad.

 

Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu para este segundo domingo de adviento. PINCHA ABAJO.


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