Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Lunes 26 de Julio del 2021

comentario B TO 11 210613

fano


A Jesús le preocupaba que sus seguidores terminaran desalentados al ver que sus esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no obtenían resultado. ¿Olvidarían el reino de Dios? ¿Mantendrían su confianza en el Padre? Y algo más: que no olviden nunca cómo han de trabajar.

Con ejemplos tomados de la experiencia de los campesinos de Galilea les anima a trabajar con realismo, con paciencia y con una confianza grande. No es posible abrir caminos al reino de Dios de cualquier manera. Jesús es modelo de trabajador.

Han de saber es que su tarea es sembrar, no cosechar. No vivir pendientes de los resultados. No les ha de preocupar la eficacia ni el éxito inmediato. Su atención se centrará en sembrar, en sembrar bien el Evangelio. Los colaboradores de Jesús han de ser sembradores. Nada más.

La iglesia ha tenido siglos de gran poder social, ahora los cristianos hemos de recuperar el gesto humilde del sembrador. Decir adiós a la lógica del cosechador, que sale siempre a recoger frutos, y entrar en la lógica paciente del que siembra un futuro mejor.

Los comienzos de toda siembra siempre son humildes. Más todavía si se trata de sembrar el proyecto de Dios en el ser humano. La fuerza del Evangelio no es nunca espectacular. Según Jesús, es como sembrar algo tan pequeño e insignificante como “un grano de mostaza”, que germina secretamente en el corazón de la realidad y de las personas.

Por eso el Evangelio solo se puede sembrar con fe. Es lo que Jesús quiere hacerles ver con sus pequeñas parábolas. EI proyecto de Dios de hacer un mundo más humano lleva dentro una fuerza salvadora y transformadora que ya no depende del sembrador. Cuando la Buena Noticia de ese Dios penetra en una persona o en un grupo humano, allí comienza a crecer algo que a nosotros nos desborda.

En la Iglesia no sabemos cómo actuar en esta situación nueva e inédita, en medio de una sociedad para la que es un grupo insignificante. Nadie tiene la receta. Nadie sabe exactamente lo que hay que hacer. Lo que necesitamos es buscar caminos nuevos con la humildad y la confianza de Jesús.

Me ha recordado algo. En la Sabana, donde el desierto se encuentra con el África negra, el deserto gana terreno y amplía su realidad inhóspita, allí, un grupo de personas está plantando árboles. Ante el cambio climático que parece imparable con su aumento de temperatura y cambios de ciclos, ante de un desierto que crece sin freno,… ellos plantan árboles. Algunos reconocen su esfuerzo, la mayor parte lo ignoramos o nos resulta indiferente,.. pero ellos siguen en la tarea con el sueño de hacer realidad un bosque que sea muralla de contención al desierto del Sahara.

¡Ojala los cristianos apostemos por volver a lo esencial! Descubriremos que solo la fuerza de Jesús puede regenerar la fe en la sociedad sin referencias de Jesucristo de nuestros días. Entonces aprenderemos a sembrar con humildad el Evangelio, plantar esos árboles en esta Sabana, serán inicio de una fe renovada, no transmitida por nuestros esfuerzos pastorales, sino engendrada por él.

 

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