Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Lunes 06 de Diciembre del 2021

comentario B TO 33 211114

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Celebramos la V Jornada Mundial de los Pobres aún en el contexto de la COVID-19, que es portadora de pobreza y sufrimiento y en el marco del camino sinodal iniciado, con el lema «A los pobres los tenéis siempre con vosotros».


Una jornada que nos hace caer en la cuenta que somos compañe­ros de viaje, y el espíritu de la sinodalidad nos invita a prestar especial atención a los más pobres y pequeños y dar voz a los que no la tienen.

La Palabra de Dios nos trae un mensaje esperanzador: vendrá el Hijo del Hombre, Cristo resucitado, «con gran poder y gloria». Su luz salvadora lo iluminará todo, poniendo verdad, justicia y paz en la his­toria humana, tan ensombrecida por los abusos, injusticias y mentiras e invitándonos a trabajar en el proyecto de Reino de Dios.

A los primeros cristianos no se les hacía fácil perseverar fieles en el seguimiento a Jesús: ¿cuándo se implantaría el reino de Dios?, ¿cuándo dejarían de sufrir los más pobres y vulnerables?, ¿no iban a terminar nunca los abusos e injusticias?

Con gran sencillez, Jesús invita a leer los signos de Dios para vivir esta vida como una «primavera». Todos conocen la experiencia: lo que parecía muerto durante el invierno comienza a des­pertar; en las ramas de la higuera brotan de nuevo pequeñas hojas. Esta vida que ahora conocemos es como la primavera. Todavía no es posible cosechar. No podemos obtener logros definitivos, pero ya hay pequeños signos de que la vida está en gestación.

Así es la mirada creyente, mira el mundo y ve en él frutos que otros no encuentran, sabe reconocer los signos de Dios y, por eso, su vida se llena de esperanza y fortaleza. Nuestros esfuerzos por un mundo mejor y más justo no se perderán.

Las palabras de Jesús «no pasarán». No perderán su fuerza salvadora. Han de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de las personas empobrecidas.

Hay un vínculo inseparable entre Jesús, los pobres y el anuncio del Evangelio. Jesús mismo no solo ha estado a su lado, sino que ha compartido con ellos la misma suerte. Ellos «son sacramento de Cristo, representan su persona y remiten a él». La presencia de los pobres entre nosotros no debe conducir a un acostumbrarse indiferente, sino a un compartir fraterno. Es decir, son hermanos y hermanas «con los que compartir la vida y el sufrimiento», para devolverles su dignidad y asegurar su integración social.

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Debemos tomar conciencia, explica el papa, de que «los pobres nos evangelizan», porque nos permiten reconocer en sus vidas, en su sufrimiento e indigencia «los rasgos más genuinos del rostro del Padre». Pero es necesaria una verdadera conversión, que «consiste, en primer lugar, en abrir nuestro corazón para reconocer las múltiples expresiones de la pobreza», viviendo un estilo de vida coherente «con la fe que profesamos».

El Evangelio impulsa a estar atentos a las «nuevas formas de pobreza», cuyas causas se encuentran en un mercado sin principios éticos; en la pandemia, que ha golpeado a muchos con el desempleo; y también, en la indiferencia propia de un estilo de vida individualista, «que descarga sobre los pobres toda la responsabilidad de su condición».

¿Qué caminos de justicia recorrer para superar las desigualdades sociales y restablecer la dignidad de tantas personas empobrecidas? La respuesta ha de ser la de iniciar «procesos de desarrollo en los que se valoren las capacidades de todos», en reciprocidad, con solidaridad y compartiendo. Los pobres no pueden ser solo los que reciben, tienen mucho que ofrecer; porque les faltará de todo, pero conservan lo más importante, su dignidad de hijos de Dios.

No se trata de aliviar la conciencia con una limosna, sino de hacer frente a la cultura del descarte y la indiferencia con gestos de caridad, fraternidad y amistad social, para vivir el encuentro y dar respuesta a las nuevas formas de pobreza.

El papa Francisco nos invita a vivir esta Jornada Mundial de los Pobres en clave evangelizadora, saliendo al encuentro de los pobres, allí donde estén. No hay que esperar a que llamen a nuestra puerta, sino llegar a ellos «en sus casas, en los hospitales y en las residencias, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida…», logrando, ante todo, «reconocerlos realmente», para hacerlos «parte de nuestra vida e instrumentos de salvación».

Si quieres ver la hoja de este domingo en una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu. PINCHA ABAJO


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