Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Martes 23 de Julio del 2024

comentario B TO10 240609

fano



Gimnasios de fitness, aparatos para cuidar el cuerpo de espacios verdes, locales de fisioterapeutas y masajistas…

es claro que aquí las personas invierten en su salud física ya que un cuerpo que se cuida previene y combate enfermedades. Una noche de esta semana, desvelado, oí que la actividad física moderada previene el ictus, que es la primera causa de muerte en las mujeres y la segunda en los varones. ¡Qué bien! ¡Enhorabuena por esa actitud y actividad tan saludable! Pero, al mismo tiempo, estamos construyendo una sociedad entre todos donde no es fácil vivir de modo sano.

Un planeta amenazado por el desequilibrio ecológico, la contaminación, y sus habitantes también por el estrés o la depresión envueltos en un estilo de vida donde la falta de sentido y la carencia de valores, un cierto tipo de consumismo, la trivialización del sexo, la incomunicación y tantas otras frustraciones impiden a las personas crecer de manera sana.

Hay quien dijo que enferman los individuos… y también las sociedades. La pandemia nos hizo conscientes de algo de eso. Una sociedad enferma en su conjunto y que padece neurosis colectivas de las que tal vez pocos individuos sean conscientes. Vemos la destrucción de Gaza y las matanzas del ejército de Israel. Vemos la invasión y destrucción de Ucrania en Rusia… son síntomas de una sociedad enferma. Cómo reaccionamos en occidente ante estas masacres puede ser síntoma de una sociedad enferma. Y puede suceder que dentro de una sociedad enferma se considere precisamente enfermos a aquellos que están más sanos.

Algo de esto sucede con Jesús, de quien sus familiares piensan que “está fuera de sí”, que no está en sus cabales; mientras los letrados venidos de Jerusalén consideran que “tiene dentro a Belzebú”.

Creo que una sociedad es sana en la medida en que favorece el desarrollo sano de las personas. Y cuando los ritmos, estilos, opciones de una sociedad conducen a las personas a su vaciamiento interior, la fragmentación, la cosificación o disolución como seres humanos, esa sociedad es, al menos en parte, patógena, enferma, contaminante.

Hemos de discernir, hemos de ser lo suficientemente lúcidos y preguntarnos si no estamos enfermando con los virus y estilos propuestos por la sociedad, como con las modas pero estas son modas que afectan a nuestro interior a lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo que actuamos… y lo que es más inquietante, todo eso sin apenas ser conscientes de ello.

Y hablando de ser lúcidos, buscando la salud nuestra, la de nuestra sociedad es mejor no dejarnos arrastrar por una vida de confort, comodidad y exceso que aletarga el espíritu y disminuye la creatividad de las personas. Es mejor vivir de modo sobrio y moderado, sin caer en “la patología de la abundancia”.

Es más sano construir la existencia día a día dándole un sentido último desde la fe, que movernos girando por la vida sin sentido, reduciéndola a un “sistema de deseos y satisfacciones”.

Es más sano cuidar las necesidades entrañables del ser humano en la relación de la pareja, en el hogar y en la convivencia social y no llenar la vida de sucedáneos, productos de moda, vestidos, bebidas, ocio.

En vez de reprimir la dimensión religiosa vaciando de trascendencia nuestra vida, es más sano vivir desde una actitud de confianza en ese Dios “amigo de la vida” que solo quiere y busca la plenitud del ser humano.


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