Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Viernes 07 de Mayo del 2021

comentario B TP 3 210418

fano


Los cristianos sabemos, por experiencia, que Jesús sigue vivo y activo, decimos resucitado entre nosotros. Quizás por eso a veces le llamamos Jesucristo, Jesús el Cristo.

Y al Señor de nuestras vidas tendríamos que atender y hacer caso a sus deseos. En el evangelio de hoy nos cuenta uno de sus deseos. El deseo de que, como pueblo de Dios y cada uno de nosotros, vivamos un título en nuestra vida, el de testigo. Ser “testigos” capaces de contagiar a todos los pueblos su Buena Noticia: “Vosotros sois mis testigos”.


Imagino que no fue fácil convertir en testigos a aquellos hombres hundidos en el desconcierto y el miedo. A lo largo de toda la escena que hoy narra Lucas, los discípulos permanecen callados, en silencio total. El narrador describe su mundo interior: terror; turbación, incredulidad; todo aquello les parece demasiado hermoso para ser verdad.

Es Jesús quien va a regenerar su fe. Lo más importante es que no se sientan solos. Dador de vida que desata, libera, da seguridad, en medio de ellos. Estas son las primeras palabras que escuchan del Resucitado: “La paz esté con vosotros... ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?”.

Cuando olvidamos la presencia viva de Jesús en medio de nosotros; o cuando lo ocultamos con nuestros protagonismos; o cuando lo que comunicamos o se nos comunica son normas, leyes, ordenes que no traslucen la esperanza del evangelio; o cuando nos gana la tristeza sentimos todo menos su paz; o cuando algunas vivencias nos abruman y nos contagiamos unos a otros pesimismo e incredulidad... estamos traicionando la experiencia de encuentro con el Resucitado. Así no es posible una Iglesia de testigos.

Para despertar su fe de testigos, Jesús no les pide que miren su rostro, sino sus manos y sus pies. Que vean sus heridas de crucificado, que tengan siempre ante sus ojos su amor entregado hasta la muerte. No es un fantasma, “Soy yo en persona”. El mismo al que han conocido y amado por los caminos de Galilea.

Si pretendemos fundamentar la fe en el Resucitado con nuestras elucubraciones lo convertimos en un fantasma. Para encontrarnos con él hemos de recorrer el relato de los evangelios; descubrir esas manos que bendecían a los enfermos y acariciaban a los niños, esos pies cansados de caminar al encuentro de los más olvidados; descubrir sus heridas y su pasión. Es ese Jesús el que ahora vive resucitado por el Padre y con el que se nos acerca y nos puede dar el título para nuestra vida, título de testigos.

A pesar de verlos llenos de miedo y de dudas, Jesús confía en sus discípulos. Él mismo les enviará el Espíritu que los sostendrá. Por eso les encomienda que prolonguen su presencia en el mundo: “Vosotros sois testigos de estas cosas”. No se trata de enseñar doctrinas sublimes, se trata de contagiar esa experiencia de encuentro con el profeta, con el crucificado, con el resucitado, con la fuente de nuestra fe, de nuestra esperanza, con el motor de nuestro amor por todos, especialmente por los más necesitados. No hemos de predicar grandes teorías sobre Cristo, sino irradiar su Espíritu que crea un mundo y unas personas nuevas con los valores que tienen el horizonte de la felicidad para todos. Y, claro, eso se hace creíble con la vida, con los hechos, no solo con palabras. Y es el reto que tiene nuestra Unidad, nuestra Iglesia de Vitoria, con lo que hacemos, con la imagen que damos: ¿se ve en nosotros como diócesis, como unidad pastoral, como cristianos de a pie, testigos?


Si quieres ver la hoja de participación (que todavía en este tiempo de pandemia no se puede entregar) de la unidad pastoral para este tiempo de Pascua. PINCHA ABAJO


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