Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Viernes 12 de Abril del 2024

comentario TC4 A 230319

fano


Un niño nace ciego y su destino queda marcado para siempre. En el siglo XX la mirada de la gente iba de la compasión a la lástima, en el siglo XXI, va de la discapacidad y la integración. Hace dos mil años en Israel, lo mira como un pecador castigado por Dios. Los discípulos de Jesús le preguntan si el pecado es del ciego o de sus padres.

Jesús lo mira de manera diferente. Desde que lo ha visto solo piensa en rescatarlo de aquella vida de mendigo, despreciado por todos como pecador.

Después de una curación trabajosa en la que ha tenido que colaborar con Jesús, el ciego descubre por vez primera la luz. El encuentro con Jesús ha cambiado su vida. Por fin podrá disfrutar de una vida digna, sin temor a avergonzarse ante nadie.

Se equivoca. Los dirigentes religiosos tienen la responsabilidad de controlar la pureza de la religión. Ellos saben quién no es pecador y quién está en pecado. Ellos decidirán si puede ser aceptado en la comunidad religiosa. Por eso lo expulsan.

El mendigo curado afirma seguro que ha sido Jesús quien se le ha acercado y le ha curado, pero los fariseos lo rechazan: «Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». El hombre insiste en defender a Jesús: es un profeta, viene de Dios. Los fariseos lo rechazan: «has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

El evangelista dice que, «oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y…». En un breve diálogo Jesús le pregunta si cree en el Mesías, el expulsado dice: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le responde: «Lo estás viendo: El que te está hablando, ese es». El mendigo le dice: «Creo, Señor».

Así es Jesús. Él viene al encuentro de aquellos que no son acogidos oficialmente por la religión. No abandona a quienes le buscan y lo aman, aunque sean excluidos de las comunidades e instituciones religiosas. Por traducirlo a nuestra realidad, los que no tienen sitio en nuestras iglesias tienen un lugar privilegiado en el corazón de Dios, en el corazón de su hijo.

Observo a los que estamos en este templo. Os miro, me miro y me entra un escalofrío. No imagino quién llevará hoy este mensaje de Jesús hasta esos colectivos que, en cualquier momento, escuchan condenas públicas injustas de dirigentes religiosos cegados por vete a ser qué; o a los que no pueden comulgar con paz en nuestras eucaristías; o a los que se ven obligados a vivir su fe en Jesús en el silencio de su corazón, casi de manera secreta y clandestina.

Quien podrá acercarse a esos y decirles: Amigos y amigas, no lo olvidéis: cuando los cristianos os rechazamos, Jesús os está acogiendo.

 

Para ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu para este domingo. PINCHA ABAJO.


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