Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Viernes 10 de Julio del 2026

comentario a to15 260712

fano


«El que tenga oídos, que oiga». Nos lo dice Jesús al final de la parábola. Tenemos orejas, tenemos oídos (nos funcionen mejor o peor), tenemos cabeza… no sé si prestamos la atención que Jesús pide. Si hemos oído, no sé en qué nos hemos fijado de la parábola: en los terrenos, en el sembrador, en la semilla. Todos valen para ese oír, en todos hallamos llamada que afecta a nuestra vida.

Muchos en los terrenos en que cae la semilla, y hemos revisado nuestra actitud al escuchar el Evangelio. Hoy quiero señalar al sembrador y a su modo de sembrar.

Es lo primero que dice el relato: «Salió el sembrador a sembrar». La semilla cae y cae por todas partes, también donde es difícil que pueda germinar. Así lo hacían los campesinos de Galilea, que sembraban incluso al borde de los caminos y en terrenos pedregosos.

Los oyentes pensamos que el sembrador que así siembra es Jesús y la semilla es su mensaje. A tiempo y a destiempo anuncia la Buena Noticia de Dios. Siembra su Palabra entre la gente sencilla, que lo acoge, y también entre los escribas y fariseos, que lo rechazan. Nunca se desalienta. Tiene la confianza de que su siembra no será estéril.

Algunos hablan de una vuelta a lo religioso… no es que se vayan a llenar los templos, es que el evangelio vuelve a ser sorpresa para muchos que no han vivido una celebración, que no han oído nunca el evangelio, que no han tenido referencia en su vida de la fe como motor de esperanza y de vida…. y algunos de esos, si se encuentran con un testigo válido, se acercarán. El Evangelio con su fuerza original y la garra del mensaje de Jesús atrae la atención del hombre o la mujer de hoy. Quizá no es momento de «cosechar» éxitos llamativos, pero sí de sembrar, como evoca la parábola, sin desalentarnos, con liberad y verdad, sembrar la semilla del Reino que anunciaba Jesucristo.

Y mirarnos a nosotros que, con fe débil y vacilante, no anunciamos el Evangelio y su fuerza humanizadora. Nosotros los que, con incoherencias, contradicciones, escándalos, olvidándonos de que somos hermanos y hemos de caminar juntos en libertad, y por no practicar aquel “todos, todos, todos”, desvirtuamos el poder de atracción de Jesús.

Se nos ha dicho que, cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a Jesús, «pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie».

Evangelizar no es propagar una doctrina, es hacer presente en el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús y en medio de la sociedad también. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de sacerdotes, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica que podamos irradiar los cristianos, los que nos sabemos llamados por Dios a servir.

Cuando reflexionemos, cuando oremos en estos días de vacaciones, en ese momento de convivencia con Jesús le daremos gracias y nos llenaremos de su Espíritu que mueve a aumentar la calidad de nuestra respuesta. Esa que nos descubre si contagiamos indiferencia o alguno queda con la experiencia de haberse relacionado con alguien de fe convencida después de estar con nosotros. Si quien nos encuentra haya mediocridad o pasión por una vida más humana.

 

Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu para este domingo de julio. PINCHA ABAJO

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