Unidad Pastoral Santa María de Olárizu
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comentario a to6 260215

Cuando tenemos algo de lo que estamos orgullosos se nota. En el pueblo el equipo de futbol, un conocido famoso, un monumento destacable… L os judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. ¡Dios mismo la había regalado! Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.
También para Jesús la Ley es importante, pero no ocupa el lugar central. Jesús vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y con lucidez, colaborar con él para hacer la vida más justa y fraterna.
Así se entiende lo que dice y lo que quiere decir Jesús. No basta cumplir la Ley que ordena «no matarás». Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata cumple la Ley, pero, si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.
Si nos miramos, de vez en cuando nuestro lenguaje refleja el crecimiento de la agresividad. Si nos fijamos en los insultos ofensivos, proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza u otras formas (el rubio de USA y los Obama con cuerpo de simio, por ejemplo)
Y las tertulias a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.
En la convivencia social ocurre y en el interior de la Iglesia, también.
Hemos de estar alerta… es fácil dejarnos llevar por prejuicios o en esa pasividad negativa de consentir diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas.
Cuando, en una relación de viva voz o por carta, no se inicia dando gracias por la aportación del otro, cuando no se pregunta ni se intenta aclarar lo que el otro dice, cuando no se busca lo que a uno y a otro acerca cuando no se intenta precisar, aclarar lo que uno y otro separa. Cuando se señala y descalifica, cuando se remarca lo que uno ve, lo que uno entiende, eso que es parte de la verdad, pero no toda la verdad… cuando no se percibe en lo que el otro dice el eco de la buena noticia de Jesucristo, no vamos por el camino del evangelio.
Es un ejemplo. El evangelio hoy nos invita a estar alerta porque la celebración de la fe es importante y hoy nos dice el maestro que primero hemos de reconciliarnos con el hermano. Podemos, con nuestros pequeños actos y actitudes mejorar la convivencia y nuestra comunidad. ¡Tenemos tarea!
Si quieres ver la hoja de participación de una de las parroquias de la Unidad Pastoral Santa María de Olarizu para este domingo. PINCHA ABAJO.