Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Martes 26 de Octubre del 2021

comentario B TO 24 210912

fano


Hay momentos que recordamos y que han marcado la historia, por ejemplo, el atentado de las torres gemelas. Recuerdo la hora, las tres de la tarde, recuerdo los comentarios en el informativo, recuerdo mi perplejidad, recuerdo como pasé las dos horas de viaje que tenía desconcertado…

Hay otros momentos que son personales. Esos hechos que, de una u otra forma, marcan la vida. Por ejemplo la fecha en que fui ordenado. Ordenación de la que estoy agradecido y comprometido.

Fue momento que me pareció que había llegado a la meta… y con el paso de los años constato que no llegué a la meta, que lo que hacía era empezar la maratón de mi vida con sus alegrías y dolores, con sus triunfos y derrotas, con logros e impotencia. O con el final de dos edificios y de varios miles de personas, se inició otra batalla que, 20 años después, continuará con un nuevo eslabón.

Algo así es el episodio que narra el evangelio de Marcos. Después de un tiempo de convivir con él, Jesús hace a sus discípulos una pregunta decisiva: “¿Quién decís que soy yo?”. Pedro le contesta: “Tú eres el Mesías”. Parece que todo está claro. Jesús es el Mesías enviado por Dios, y los discípulos lo siguen para colaborar con él.

Pero Jesús sabe que no es así. Es fácil confesar a Jesús con palabras, pero no saben lo que significa seguirlo de cerca compartiendo su proyecto y su destino. Marcos dice que Jesús “empezó a enseñarles” que debía sufrir mucho. No es una enseñanza más, sino algo fundamental que los discípulos tendrán que ir asimilando poco a poco.

Jesús les habla “con toda claridad”. No todo será de color de rosa. Tienen que saber que el sufrimiento los acompañará siempre en su tarea de abrir caminos al reino de Dios. Al final será condenado y morirá ejecutado. Solo al resucitar se verá que Dios está con él.

Pedro se rebela ante la pesadilla que oye. Y reacciona. Toma a Jesús consigo y se Io lleva aparte para “increparlo”. Jesús ha de cambiar esa manera de pensar. ¡Curioso! El primero en confesarlo como Mesías es el primero en rechazar lo que el Mesías dice.

Jesús reacciona con dureza. Ve los rasgos de Satanás en Pedro. E “increpa” a Pedro “Ponte detrás de mí, Satanás”: dicho de otro modo: vuelve a ocupar tu puesto de discípulo. Deja de tentarme. “Tú piensas como los hombres, no como Dios”.

Luego llama a la gente y a sus discípulos para que escuchen bien sus palabras. “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”.

Seguir a Jesús no es obligatorio. Es una decisión libre de cada uno. Pero hemos de tomar en serio a Jesús. No bastan confesiones de palabra, de “boquilla”. Si queremos seguirlo en su tarea apasionante de hacer un mundo más humano, digno y dichoso, hemos de estar dispuestos a dos cosas. Primero, apostar por proyectos o planes que construyen el reino de Dios al estilo del nazareno. Segundo, aceptar los sufrimientos que nos pueden llegar por seguir a Jesús e identificarnos con su causa. La felicidad, la dicha que propone Jesús cuenta con las lágrimas, con el esfuerzo y el sudor, con el conflicto y la solidaridad.

 

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