Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Lunes 06 de Diciembre del 2021

comentario B TO 32 211107

fano


No somos electricistas pero quizás nos ha tocado alguna vez hacer un empalme en casa, ese unir dos cables de la luz. Hoy, en nuestra celebración, hemos de hacer algo parecido. Unir las dos escenas del evangelio para hacerlas en nosotros, en cada uno de nosotros y en nuestra Unidad pastoral, vida.

Ese empalme hace realidad el lema de este día de la iglesia diocesana; «Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo». El contraste entre las dos escenas es fuerte. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los dirigentes religiosos: “¡Cuidado con los maestros de la Ley!”, su comportamiento puede hacer mucho daño. En la segunda llama a sus discípulos para que tomen nota del gesto de una viuda pobre: la gente sencilla les podrá enseñar a vivir el Evangelio.

Jesús emplea un lenguaje duro y certero para desenmascarar la falsa religiosidad de los escribas. No soporta su vanidad y su afán de ostentación. Ese vestir de modo especial y ser saludados con reverencia para sobresalir sobre los demás, imponerse y dominar. La religión les sirve para alimentar su fatuidad. Hacen “largos rezos” para impresionar. Viven aprovechándose de las personas débiles, a las que deberían servir. Por encima de los demás no crean comunidad.

En la segunda escena, Jesús está sentado frente al arca de las ofrendas. Muchos ricos van echando cantidades importantes: son los que sostienen el Templo. De pronto se acerca una mujer. Jesús observa que echa dos moneditas de cobre. Es una viuda pobre, maltratada por la vida, sola y sin recursos. Quizás vive mendigando junto al Templo.

Conmovido, Jesús llama a sus discípulos. No han de olvidar el gesto de esta mujer, pues, aunque está pasando necesidad, “ha echado de lo que necesitaba, lo que tenía para vivir”. Mientras unos viven aprovechándose de la religión, esta mujer se desprende por los demás, confiando totalmente en Dios.

Su gesto nos descubre el corazón de la verdadera religión: confianza grande en Dios, gratuidad sorprendente, generosidad y amor solidario, sencillez y verdad. No conocemos el nombre de esta mujer ni su rostro pero entendemos que Jesús vio en ella un modelo para todos los miembros de su grupo, especialmente para los futuros dirigentes de su Iglesia.

También hoy tantas mujeres y hombres de fe sencilla y corazón generoso son lo mejor que tenemos en la Iglesia. No escriben libros, no pronuncian sermones, pero son los que mantienen vivo entre nosotros el Evangelio de Jesús.

Se trata de unir las dos experiencias y hacer lo posible para que haya, entre ellas, coherencia. ¿Cómo?

Acoger lo valioso, las actitudes, los valores, los gestos que vemos en la mujer. También mantener la lucidez y los valores de Jesucristo, que señala, denuncia, aplaude valores y deficiencias. Criticar a aquello que no nos hace iglesia de Jesús. Y, como sugiere el lema de la iglesia diocesana de este año, aportar nuestra ayuda. Esa que ayuda a ser la iglesia que Jesús quiere, esa que contigo, nos hacer ser una gran familia.

«Somos lo que tú nos ayudas a ser- zure esker garena gara».

 

Si quieres ver la hoja de este domingo en la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu. PINCHA ABAJO.

 


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