Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Viernes 07 de Mayo del 2021

comentario B TP 5 210502

fano


Estamos en primavera y en mi niñez jugábamos a quitar los pétalos de las margaritas buscando la respuesta con un “sí”, “no” hasta ver qué es lo que quedaba al final. Hoy  os propongo que imaginemos una margarita con pocos pétalos y vayamos quitando sólo aquellas que son “no”. Aquellas que no aciertan con lo que es la fe.

La primera. La fe no es una impresión o emoción del corazón. Sin duda, el creyente siente su fe, la experimenta y la disfruta, pero sería un error reducirla a “sentimentalismo”. Primera. La fe no es algo que dependa de los sentimientos: “Ya no siento nada; debo de estar perdiendo la fe”. Ser creyentes es una actitud responsable y razonada.

Segunda. La fe no es tampoco una opinión personal. EI creyente se compromete personalmente a creer en Dios, pero la fe no puede ser reducida a “subjetivismo”: “Yo tengo mis ideas y creo lo que a mí me parece”. La realidad de Dios no depende de mí ni la fe cristiana es fabricación de uno. Brota de la acción de Dios en nosotros.

Tercera. La fe no es tampoco una costumbre o tradición recibida de los padres. Es bueno nacer en una familia creyente y recibir desde niño una orientación cristiana de la vida, pero sería muy pobre reducir la fe a “costumbre religiosa”: “En mi familia siempre hemos sido muy de Iglesia”. La fe es una decisión personal de cada uno.

Cuarta. La fe no es tampoco una receta moral. Creer en Dios tiene sus exigencias, pero es una equivocación reducirlo todo a “moralismo”: “Yo respeto a todos y no hago mal a nadie”. La fe es, además, amor a Dios, compromiso por un mundo más humano, esperanza de vida eterna, acción de gracias, celebración.

Quinta. La fe no es tampoco un “tranquilizante”. Creer en Dios es, sin duda, fuente de paz, consuelo y serenidad, pero la fe no es solo un “agarradero” para los momentos críticos: “Yo, cuando me encuentro en apuros, acudo a la Virgen”. Creer es el mejor estímulo para luchar, trabajar y vivir de manera digna y responsable.

Y la fe no es como la margarita desnuda, sin pétalos. La fe es como la primavera. Es expresión que fluye de la fuente de la vida, y para los cristianos expresa lo que fluye de la fuente de la vida que es Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo. Empieza a despertarse y explotan múltiples dimensiones de la vida de la persona, del grupo, de la realidad. La fe cristiana empieza a despertarse en nosotros cuando nos encontramos con Jesús. El cristiano es una persona que se encuentra con Cristo, y en él va descubriendo a un Dios Amor que cada día le atrae más. Lo dice muy bien Juan: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es Amor” (l Juan 4,16).

Esta fe crece y da frutos solo cuando permanecemos día a día unidos a Cristo, es decir, motivados y sostenidos por su Espíritu y su Palabra: “El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada”.

 

Si quieres ver la hoja de participación de la Unidad Pastoral Santa María de Olárizu para este domingo. PINCHA ABAJO.


En una de las parroquias de la Unidad, este año en San Cristóbal, el grupo de PASTORAL PENITENCIARIA DE LA UNIDAD, compartió con los miembros de la parroquia unas inquietudes pascuales. Jesús resucitado, que hace nuevas todas las cosas, nos invita a nombrar de manera nueva la realidad de la cárcel.

a continuación, la reflexión compartida.

Cuando escuchamos los años de condena de los acusados y en algunos asuntos sensibles como la pederastia, asesinatos de mujeres, casos de violaciones,… nos sale casi de modo automático ese “¡se merece eso y más!” Lo oímos, lo decimos, lo sentimos,… Sin embargo no es la única mirada posible ante la cárcel ni ante los delincuentes.

En esta Eucaristía, queremos hacer una mirada social y, como cristianos, trasparentar las palabras del Evangelio.

Miraremos nuestro vocabulario, nuestras palabras para llamar a las cosas por su nombre y para nombrarlas como cristianos.

Ante el delito se clama justicia. Todos lo hacemos y es bueno hacerlo. A veces en ese grito se nota el rechazo a lo hecho y ganas de aniquilación de quien lo ha hecho. Un deseo de… linchamiento. Lo podemos llamar venganza.

La venganza quiere el mal para el que ha hecho mal. Sin embargo responder con venganza al mal recibido no cambia la situación ni hace sentirse mejor.

Algunos síntomas de venganza aunque se hable de justicia:

- Se desea prisión al delincuente, no tanto para proteger a la sociedad sino para que sufra muchos años en la cárcel por el crimen cometido.

- La reinserción o la reeducación del victimario, del culpable, ni se menciona, no existe.

- Se está convencido de que el criminal no se recupera nunca.

- La gente, los medios de comunicación etiquetan de “delincuente”, o por el tono del “presunto delincuente”.

- Se quiere dar al delincuente un castigo ejemplar, y no se piensa tanto si es ayuda para quien ha sufrido el daño, para la sociedad, para el mismo delincuente.

El artículo 25.2 de  la Constitución, dice “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. Y esto es muy diferente de buscar el castigo por el mal que el delincuente ha hecho.

La justicia verdadera exige el bien hacia las personas que han sufrido el daño; hacia la sociedad que lo ha sufrido y tiene que integrarlo de modo humanizador y también hacia las personas que hacen daño, hacia los delincuentes.

Algunos síntomas de la justicia son

- La reinserción está en el horizonte, aunque no se llegue a ella.

- La sociedad busca ayudar a estos sujetos a que corrijan su desvío y se integren en la sociedad.

Justicia NO es responder un mal con un mal (quizá no el mismo mal que la otra persona causó, pero sí un mal). Lo que hace la justicia es el bien, no el mal.

Otra característica de la justicia es que no es exacta, se trata de darle lo mejor a cada quien, pues la justicia es un bien y el bien da lo mejor.

Pero es complejo determinar qué es lo mejor y lo adecuado para cada persona. Es el debate entre el crimen y la justicia social, entre pena y restauración, entre prisión y reinserción... Garantizando el mantenimiento de la sociedad.

La justicia busca medios para que quien ha sufrido pueda “ver reconocidos sus derechos”; el delincuente contribuya a la “reconciliación” consigo mismo y si es posible con la víctima, con adecuadas medidas de mediación, y se prepare para una reinserción en la sociedad…

En el espíritu de la Constitución española está que “en el ejercicio de la acción penal se prestará especial atención a los derechos de los procesados y ofendidos”.

Unas preguntas para terminar

Para todos los delitos y todas las personas, la prisión ¿es la mejor forma de reinsertar en la sociedad?

¿Hay suficientes servicios sociales capaces de asegurar el derecho a la reinserción social de los penados?

¿Hay suficientes medios en nuestra sociedad para que los que salen de la cárcel puedan evitar delinquir de nuevo?

Y dos preguntas personales

¿Buscas siempre lo mejor para cada uno o solo para alguna de las partes?

En tus reflexiones y diálogos sobre la cárcel, sobre los juzgados, sobre los condenados, ¿te centras en la persona y en todas las personas? (la que sufre y la que ha hecho sufrir)



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