Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Lunes 12 de Abril del 2021

comentario C TO 26 2019

fano


No interesan apenas a nadie. No entran en la lista de reivindicaciones de ningún grupo político o colectivo social importante. Son los últimos de nuestra sociedad, los más rechazados y marginados.

Ahí están sufriendo en las cárceles y centros penitenciarios. Pero nosotros preferimos ignorarlos.

Muchos de ellos arrastran tras de sí una historia desgarrada. No han conocido el calor de un hogar ni la seguridad de un trabajo. Sumergidos muy pronto en el mundo de la droga o la delincuencia, hoy se encuentran atrapados en un proceso de autodestrucción que no parece tener salida.

Es difícil olvidar sus rostros deteriorados por la cultura, la enfermedad y el aislamiento. Recordamos los 5 fallecidos, algunos suicidados de este año en Zaballa (centro penitenciario en Álava), los casi tres de cada diez son extranjeros, los toxicómanos... En bastantes casos, nadie los espera a la salida. No pocos viven acompañados por un sentimiento de culpabilidad y automenosprecio.

El desarraigo de sus familias, el temor a quedarse sin el afecto de nadie, la privación de libertad , la dureza de las relaciones humanas dentro de la cárcel y la falta de  un futuro van minando poco a poco incluso a los más fuertes, hundiendo a bastantes en la depresión y la desesperanza.

Pero, ¿por qué tiene que ser así? ¿Es esto lo único que una “sociedad del bienestar” sabe ofrecer a estos hombres y mujeres que no han tenido, muchos de ellos, ni capacidad ni oportunidad para abrirse paso a una vida normal en una sociedad competitiva y exigente?

La Ley General Penitenciaria establece que el objetivo de las prisiones es “la reeducación y la reinserción social de los sentenciados” (art.25,2), pero todo el mundo sabe que la cárcel actual, excepto raras excepciones, lejos de rehabilitar a los delincuentes, los deteriora todavía más y hasta los hunde para siempre en el mundo del delito. Cierto que esto tiene dimensiones personales, sociales, políticas y culturales….

Y no nos preocupa en absoluto el sufrimiento y la destrucción de estos hombres y mujeres. Más aún, podemos caer en la fácil tentación de pensar que  son ‘los malos’, ‘los malogrados’ los que ponen en peligro la sociedad, en contraposición a “los buenos”, los ciudadanos ejemplares que somos nosotros.

El rasgo inhumano del rico descrito por Jesús en una parábola inolvidable es su absoluta indiferencia ante el sufrimiento del miserable Lázaro. Quizás retrata la poca humanidad de esta sociedad nuestra que progresa, alcanza mayor bienestar y olvida el sufrimiento de los más débiles y desafortunados.

El martes 24 se ha celebrado la Virgen María de la Merced. Además del recuerdo a las tradiciones catalanas, es patrona todos los vinculados al mundo de las prisiones. Están los que lo viven desde la clave creyente mercedaria. Sigue habiendo personas que, cuando ven cadenas y encadenados, entienden que se han encontrado con algo que no hace más completas a las personas en todas las dimensiones y luchan por que desaparezcan. Este domingo es buen día para dar gracias a Dios por ellas y para pensar si cada uno de nosotros no podemos ser uno o una de ellos.


Si quieres ver la hoja de participación de las celebraciones de la eucaristía de este domingo en nuestra Unidad Pastoral Santa María de Olárizu. PINCHA ABAJO.


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