Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia

Miércoles 07 de Diciembre del 2022

comentario C TO34 221120

fano


Según el relato de Lucas, Jesús agoniza entre mirones, entre quienes se quedan en el espectáculo, entre los que no se mueven por la justicia, entre los que no se orientan por la verdad… vemos su reacción, ese modo de reaccionar puede darse también ahora. Esos que a Jesús en la cruz le expresan burlas y desprecios. Esos no parecen haber entendido su vida. Los que están viendo el evento no parecen haber captado su entrega a los que sufren ni su perdón a los culpables. Esos no han visto en su rostro la mirada compasiva de Dios. Esos no intuyen en aquella muerte misterio alguno.

Las autoridades religiosas se burlan de él con gestos despectivos: ha pretendido salvar a otros; que se salve ahora a sí mismo. Si es el Mesías de Dios, el “Elegido”, ya vendrá Dios en su defensa.

Los soldados se suman a las burlas. No creen en ningún Enviado de Dios. Se ríen del letrero que Pilato ha mandado colocar en la cruz: “Este es el rey de los judíos”. Es absurdo que alguien pueda reinar sin poder. Que demuestre su fuerza salvándose a sí mismo.

Jesús callado y clavado, no desciende de la cruz.

En medio de burlas y desprecios, una sorprendente invocación: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. No es un discípulo ni un seguidor de Jesús. Es uno de los dos delincuentes crucificados junto a él. Lucas lo propone como un ejemplo admirable de fe en el Crucificado.

Este hombre, a punto de morir ajusticiado, quizás sabe que Jesús es un hombre inocente que ha hecho el bien. Quizás intuye en su vida un misterio que a él se le escapa, pero se abre para él una ventana a la esperanza, quizás Jesús no va a ser derrotado por la muerte. Del corazón del compañero de crucifixión nace una súplica. Solo pide a Jesús que no lo olvide: algo podrá hacer por él.

Jesús le responde de inmediato: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Ahora están los dos unidos en la angustia y la impotencia, pero Jesús lo acoge como compañero inseparable. Morirán crucificados, pero entrarán juntos en el misterio de Dios.

En medio de la sociedad descreída de nuestros días, en esta sociedad donde quedamos cada uno independientes y solos, hay momentos, agobiados por el peso de la vida, que, los que tienen/tenemos la referencia invocamos a Jesús a nuestra manera. “Jesús, acuérdate de mí”, y Jesús los escucha: “Tú estarás siempre conmigo”. Dios tiene sus caminos para encontrarse con cada persona, y no siempre pasan por donde nosotros pensamos. Lo decisivo es abrirnos al misterio de Dios encarnado en Jesús.

 

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