Unidad pastoral Santa María de Olárizu / Olarizuko Andre Maria Pastoral Barrutia


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Actualidad de Santa María de Olárizu

Martes 05 de Julio del 2022

comentario C Trinidad 220612

fano


Los teólogos han profundizado en el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes.

Pero, con frecuencia, esas palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.

A Dios, Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.

Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No lo entiende como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos. Por eso pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en el mundo, en la naturaleza, en cada persona.

Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva, por encima incluso de la muerte. Por eso busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad al “Abbá” y a su proyecto lo conduce a buscar siempre el bien de sus hermanos. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.

Por eso la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la persona y aliviar el sufrimiento, romper las barreras que separan y marginan a algunas personas, invitar a todos a la única mesa, ocuparse en defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.

Y Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve en su vida y en sus decisiones desde acariciar a un niño a no huir después de la última cena de Pascua. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.

Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad. Trenzamos nuestra relación con el Padre Dios “Abbá”; actualizamos las apuestas que hizo vida Jesús el Cristo, el hijo de Dios. Nos dejamos conducir por el Espíritu fuerza salvadora y profética de ese Dios que hace siempre un mundo nuevo.

Es así de fácil y de difícil el ser creyente. Y es así de necesario vivir esas tres relaciones con el Padre, con el hijo, con el Espíritu. Tenemos tarea.


Si quieres ver una de las hojas de participación de las eucaristías de la unidad pastoral. PINCHA ABAJO.


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